Números Editoriales Editorial Nº 04
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Editorial

Edit4En dos entrevistas de esta cuarta entrega de tcc, Yang Jwing Ming y Nathan Menaged formulan una misma idea: el Tuishou o empuje de manos no sólo es una forma de entrenamiento para la autodefensa o el combate, sino un trabajo para la salud y la longevidad.

De entrada, el estado y la actitud corporal y mental necesarios para practicar Tuishou correctamente son de por sí beneficiosos para nosotros. Pero además, durante la práctica estamos intercambiando nuestro qi con el de nuestro compañero, nuestra mente no está centrada en nuestro interior sino en el otro. Y así también estamos aprendiendo a relacionarnos con los demás en la vida cotidiana sin violencia, a ceder, neutralizar y no chocar.

Ya en nuestro primer número Fernando Chedel también explicaba que, igual que al practicar en solitario estamos trabajando la dualidad yin-yang en nuestro interior, al hacer Tuishou la trabajamos con un compañero. Pero sentir en nuestro propio cuerpo esa dualidad no es algo que se consiga de un día para otro, y cuando por fin logramos percibirla empezamos a ser conscientes de cómo la menor rigidez rompe su armonía.

Caledit4En el empuje de manos ocurre lo mismo, sólo que es aún más complicado alcanzar el equilibrio entre dos y más fácil perderlo. Por eso se recomienda elegir un compañero de aprendizaje con quien tengamos confianza y nos sintamos cómodos, y practicar con esa persona todo el tiempo que nos sea posible hasta llegar a sentir ese intercambio de energías. Si abordásemos el empuje de manos con todo esto en mente, quizá resultase más fácil a unos evitar la dureza provocada por el ansia de ganar, y a otros la rigidez causada por el miedo a que nos hagan daño o por la resistencia a perder.

Con cierta frecuencia comparamos despectivamente el Tai Chi carente de trabajo interno con “un baile”, pero es posible que tengamos que aprender de los bailarines más de lo que creemos. En una pieza ejecutada con verdadera destreza por una pareja de baile hay compenetración, adherencia, no resistencia, fusión, yin-yang.

De hecho, no nos vendría mal desmitificar un poco el arte que practicamos y mirar a nuestro alrededor, observar a todas esas personas que hacen su trabajo con auténtica maestría. En un carpintero, un albañil o un tornero que dominan su oficio encontraremos tranquilidad, energía relajada, armonía, economía de movimientos, precisión, efectividad... Todas esas cosas que sólo se consiguen con voluntad de aprender, tiempo y esfuerzo: eso que nosotros llamamos gongfu. spirito


Foto: Wu Jianquan y un alumno, ca. 1940.

 
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