Números Editoriales Editorial Nº 07
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Un grupo de alumnos aprende Tai Chi durante varios años de un profesor que satisface sus expectativas y a quien adoran, pero que un buen día desaparece. Tras el desconcierto inicial, varios de ellos emprenden la búsqueda de alguien que lo sustituya. Contactan con un nuevo docente, pero éste no reconoce los movimientos que hacen ni los pintorescos nombres de las formas que practican. Sin embargo les facilita material de consulta sobre los diferentes estilos y formas reconocidos, y les propone volver a empezar con trabajos de base y una forma estandarizada de iniciación. La mayoría de los alumnos está de acuerdo, pero los más avanzados, es decir, los que más tiempo han invertido, se resisten a cambiar y deciden hacer una "prueba" a otros monitores, para lo que buscan a algunos más... que tampoco han oído hablar nunca de lo que ellos practican. Finalmente, ante la inexistencia de su Tai Chi en el mundo exterior, llaman a uno de los antiguos alumnos de su profesor original y lo contratan para poder seguir haciendo lo que han hecho siempre.

Esto, que sería inconcebible en el campo de la enseñanza de los idiomas, la ofimática o la fontanería, ocurre con cierta frecuencia en el mundo del Taichi. Este tipo de historias nos llevan a reflexionar sobre algunos problemas de fondo que se dan en esta comunidad. En primer lugar, la actitud de los alumnos "veteranos" revela uno de los principales errores que se cometen en la 7Editpráctica del Tai Chi Chuan y en la vida en general: la resistencia al cambio, el aferrarse a lo que tenemos, el miedo a perder lo conseguido y el estatus que hemos alcanzado. Por otra parte, también se trasluce aquí la idea, tan frecuente como equivocada, de que una vez "aprendida" la forma ya está todo el trabajo hecho, sólo hay que repetirla durante el resto de nuestra vida.

En segundo lugar, el disparate de que los aspirantes a alumnos examinen a sus profesores, algo que muchos instructores de Tai Chi han experimentado en alguna ocasión. Y no confundamos lo que es aprender con espíritu crítico, analizando y poniendo a prueba lo que se nos enseña, algo que en estas páginas hemos defendido en diferentes ocasiones, con poner en duda la formación demostrable de un profesor sólo porque su trabajo no se parece a lo que alguien nos ha contado.

Por último, recordarnos a nosotros mismos que los principiantes no tienen ni la obligación ni la capacidad de saber diferenciar entre un profesor honesto y un embaucador. Frente a la indiferencia de las administraciones y la falta de perspectiva de las federaciones deportivas, es cada vez más apremiante que las escuelas y los profesionales del Tai Chi establezcan unos estándares comunes que den al alumno la confianza de estar en buenas manos y al profesor la tranquilidad necesaria para trabajar sin que se cuestione continuamente su competencia. spirito

 

 
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