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Nº 16 - Verano 2008

tkycali

EL CAMINO HACIA LA MADUREZ
Entrevista a
Tung Kuan Yen

Luis Soldevila


A sus 48 años Tung Kuan Yen es un joven de gestos pausados y voz queda que infunde tranquilidad. Mientras contemplamos un atardecer de primavera en la playa de Castelldefels sorbiendo té, empezamos a hablar de los a veces tortuosos senderos del Taiji y del proceso de evolución personal que tiene que acompañar a la práctica para que dé sus mejores frutos.

 

Tung Kuan Yen, o Dong Guan Yan, nació en Taiwan en 1959. En su juventud empezó a aprender Taiji con Xiong Wei y posteriormente continuó su formación con Zhu Tiancai y Feng Zhiqiang, que le reconoció como discípulo directo. Su carácter inquieto y viajero le trajo hace más de veinte años a España, donde empezó a enseñar los estilos Chen y Zhao Bao cuando la mayoría de la gente ni siquiera sabía que había diferentes estilos de Taiji. Después de algunos años de ausencia, ha vuelto a acudir asiduamente a nuestro país a transmitir su conocimiento y su experiencia.


¿Qué fue lo que le atrajo en un principio del Taijiquan? ¿De qué forma entró en su vida?

Fue por necesidad. Yo empecé a practicar Taichi porque tenía muy mala salud, estaba muy débil físicamente, y tenía que hacer algo. Cuando yo era pequeño mi familia era pobre, no tenían dinero para pagar tratamientos caros, así que había que buscar una solución que fuera definitiva, para siempre. Y la única forma de recuperar y fortalecer la salud era practicar Taiji.


¿Cómo fueron sus principios? ¿Puede hablarnos de los obstáculos y desafíos que encontró?

Al principio no tuve mucha suerte. Encontrar un maestro que enseñe bien y que tenga la voluntad de transmitir no es tan fácil. La enseñanza tradicional siempre ha sido muy familiar y muy cerrada. Si sólo quieres aprender un poco de forma para tener buena salud, respirar bien y todo eso, no hay problema. En los parques, en cualquier sitio puedes encontrar a alguientky1 que te enseñe. Pero es algo muy externo, no pasa de la superficie. Eso no está mal si lo que quieres es encontrarte mejor, o hacer un poco de ejercicio para mantenerte bien.

Yo empecé a aprender Taijiquan de esta forma, sin pensar, sin complicarme la vida, como le ocurre a mucha gente. En este tipo de enseñanza "popular" el profesor suele ser muy majo, los alumnos no hacen muchas preguntas, no cuesta nada, no hay compromiso... Nadie se esfuerza mucho y todos tan contentos. Eso es hacer un poco el tonto, así se pueden perder muchos años.

Pero si se aprende bien, como un arte, el Taiji no sólo será más eficaz para tu salud, sino que dependiendo del nivel que alcances también podrás utilizarlo para la defensa personal. Y si cultivas el interior correctamente, puede llegar a ser un tipo de meditación muy profundo, o un camino. Eso ya depende de la actitud, la experiencia y el carácter de cada uno. Pero si quieres llegar lejos, superar todas esas etapas, hace falta tener suerte, mucha fuerza de voluntad y paciencia. Y mantener eso durante mucho tiempo no es fácil.

Me preguntas por los obstáculos. Para mí sólo hay una respuesta: Practicar, practicar, practicar. Aguantar, aguantar, aguantar. Paciencia, paciencia, paciencia. Pero también hay que intentar que el maestro se fije en ti, intentar caerle bien, que te aprecie. Así ha sido siempre en la cultura china, no hay otra forma.

Si el maestro realmente quiere transmitir, una palabra, o una sensación, pueden ahorrarte cinco años de obstáculos. Sin esa palabra, sin esa sensación, un practicante puede pasarse diez años esforzándose sin llegar a ninguna parte. Si el maestro no quiere enseñar, si no explica en serio, es casi imposible para una persona normal comprender el Taiji. Si no es una persona con una meditación muy profunda, muy trabajada, alcanzar este tipo de conocimiento uno solo es muy difícil.

Yo he tenido la suerte de que mis compañeros me han ayudado mucho. Eran más viejos que yo, tenían muchos más años de experiencia, y me consideraban como a un hermano pequeño. Pero eso no siempre fue así.

Yo era bastante joven cuando conocí a Xiong Wei, mi primer maestro de verdad. Él es un gran maestro, pero creo que, en parte porque yo era muy joven, no acababa de entender lo que me explicaba. Aunque un profesor enseñe muy bien, nuestro cuerpo tiene que estar mínimamente trabajado para entender lo que nos explica. Si no es así, puede que nuestra cabeza comprenda esas palabras, o que creamos que las comprendemos, pero nuestro cuerpo no las entiende. Y así nos estamos engañando. Por eso con Xiong Wei no aprendí todo lo que podía haber aprendido. Hacía los movimientos muy bien, quedaba muy bonito, pero por dentro estaba vacío, no había entendido nada.

En 1992 fue cuando conocí al maestro Feng, y él me dijo que lo que yo hacía no valía, porque en el fondo no relajaba, y si no relajas no hay gongfu. Entonces empecé otra vez, pero esta vez con otra actitud, más en serio. Porque si el Taijiquan no se toma en serio, desde el primer paso, experimentando con el cuerpo, es imposible entenderlo.


 
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