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Nº 19 - Otoño 2009

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EL TAICHI EN EL EMBARAZO
Y EL PARTO (II)

Arieh Lev Breslow


Esta segunda parte del artículo narra las experiencias que tuvieron frente a sus partos Anne, Elisheva y Naomi, tres practicantes de Taichi que abordaron las contracciones y el alumbramiento aplicando los principios del arte, así como algunas visualizaciones. Todas fueron encontrando su propia forma de vivir el parto y de eliminar las resistencias internas que sentían ante un momento tan crucial.

 

La capacidad de relajación y de apertura en la situación agresiva de dar a luz requiere un conocimiento profundo de las técnicas de visualización. Estas han desempeñado un papel importante durante mucho tiempo en las prácticas de sanación y en las artes marciales orientales. Antes de poder escuchar o ver lo que ocurre internamente, uno debe aprender a ir más despacio. Es a lo que se refería el Dr. Leboyer cuando escribía: “Sin la experiencia de una extrema lentitud en nuestro propio cuerpo, es imposible entender el nacimiento y recibir al recién nacido de la manera adecuada”. El ritmo lento del Taichi es ideal para volvernos conscientes de lo que ocurre dentro y fuera del cuerpo.


Las contracciones como energía

Durante su cuarto parto, recuerdo a Anne sentada en una silla, erguida y serena como un buda. Estaba relajada y dejaba que las contracciones recorrieran su cuerpo. Después, me explicó que las contracciones pasaban al suelo a través de la planta de los pies. Solo hacia el final del parto, necesitó mi ayuda para que le recordara que se relajara y le masajeara los hombros.

En sus partos, Anne vivió las contracciones como una potente energía que dejaba pasar a través de su cuerpo. A veces era capaz de dirigirla hacia abajo. Al visualizar a las contracciones como energía, podía trabajar con ellas y controlarlas. Anne las describía como “olas del océano que se emb0alzan y caen, carentes de la permanencia necesaria para causar un dolor duradero”.

Durante el nacimiento de nuestro primer hijo, “se aferraba” a la presión balanceándose hacia adelante y atrás y, de ese modo, mantenía la energía dentro del cuerpo, algo que, en su opinión, alargó el parto. Había confiado en gran medida en el método de Lamaze, que hacía hincapié en la concentración en un punto externo y en diferentes técnicas para distraerse del dolor. Es posible que para algunas personas esto sea eficaz, pero para Anne, con su entrenamiento en Taichi, no funcionó.

En lugar de distraerse e ignorar el dolor, necesitaba concentrarse internamente, mantener una intención clara de apertura del canal de nacimiento y visualizar el movimiento del bebé a través de él. También prefería las respiraciones largas, lentas y profundas del Taichi, frente al jadeo del método Lamaze. Reflexionando sobre esta experiencia, Anne y yo sentimos que el punto fuerte del sistema Lamaze fue su valor educativo. Nos dio confianza y apoyo mientras nos preparábamos para dar el salto a lo desconocido.


Encontrar el equilibrio adecuado

Durante su parto, Naomi tuvo la sensación de ser una observadora objetiva, de estar viendo cómo se abría su cuerpo y sintiendo al bebé descender por el canal de nacimiento. En lugar de enemigos a los que tenía que combatir con firmeza, las contracciones y el dolor se convirtieron en sus aliados, cuya función era ayudar a que se produjera el nacimiento de manera natural. El Taichi le enseñó a ser consciente de la energía. “Muchas mujeres no establecen una relación con el bebé durante el parto,” me explicaba, "solo se relacionan con su propio cuerpo. El Taichi me ayudó a cobrar conciencia de la energía y las necesidades del bebé". Estas palabras reflejan el conflicto de intereses al que hace frente cualquier madre: las necesidades del bebé y las suyas. De un modo u otro, la madre tendrá que establecer un equilibrio entre sus necesidades y las de su hijo, y su éxito en armonizar ambas determinará el equilibrio de su vida en común.

En el parto hay dos factores en juego: se produce cuando el bebé está listo para atravesar una vía relativamente estrecha, pero también implica dar un gran paso, renunciar a una enorme parcela de libertad personal en favor de una criatura desvalida y con necesidades. Esta dinámica comienza con la concepción y continúa a lo largo del embarazo, del nacimiento y de la crianza del hijo. Tener en cuenta las necesidades del bebé durante su nacimiento es la manera correcta de embarcarse en una relación paterno-filial para toda una vida.

En términos de Taichi, una mujer puede equilibrar la fuerte energía Yang del bebé con la energía suave Yin del ceder y abrirse interiormente. Como explicaba Anne, no hay equilibrio si se añade un empuje duro (fuerza Yang) a la ya de por sí enorme fuerza Yang del bebé que emerge. El equilibrio se pierde. Pero si se consigue equilibrar la relajación del cuerpo con la energía del bebé, es posible mantener una sensación de armonía dentro de todo el proceso.


 
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