Artículos Todos los artículos (Lista) USAR LA MENTE Y NO LA FUERZA
E-mail Imprimir


Nº 12 - Verano 2007

USAR LA MENTE Y NO LA FUERZA...

usarcali

Antonio Leyva


E ntre los clásicos del Tai Chi Chuan se encuentra esta máxima, una de las diez que Yang Chen Fu dictó a sus alumnos. La importancia de este concepto es enorme para una práctica correcta, pero por desgracia no resulta nada fácil comprenderlo, y menos aún llevarlo a la práctica. El presente trabajo expone una interpretación actualizada de esta idea y sugiere una serie de ejercicios para facilitar su comprensión y su asimilación.


Al leer esta frase, uno piensa en alguna clase de poder sobrenatural según el cual, por el simple hecho de “pensar”, una fuerza misteriosa y arrolladora brotará de nuestro interior. Desgraciadamente esto no es algo que se pueda ver con frecuencia. En realidad el problema está en el lenguaje. Donde se le “mente” debería decirse “intención”. Tampoco es exacto que no se use la fuerza, sino que esta se emplea de un modo diferente al usual y, en un principio, de forma no muy intuitiva.


¿Mente frente a fuerza?

No debemos rechazar el uso de la fuerza, ya que una completa relajación no nos permitiría ni tan siquiera permanecer en pie. Lo que debemos hacer es dar el mando de la acción a nuestra intención. De ese modo la fuerza que utilizaremos será considerablemente menor con idénticos resultados, y la sensación durante su utilización totalmente ajena a la rigidez que provoca el uso de una fuerza colapsada.

Realicemos un simple ejercicio para demostrar este fenómeno. Todos hemos visto demostraciones donde un practicante soporta el empuje de varias personas sin que consigan moverle. Para nuestro ejemplo, necesitaremos un compañero que nos empuje en la cadera o el hombro mientras nos colocamos en la postura del jinete (foto 1).

usar01El empuje no ha de ser brusco, se ejerce una presión continua y se incrementa de forma gradual. Mientras tanto simplemente intentamos mantener la postura sin que el compañero nos mueva. Ahora veamos cómo usar la mente frente a la fuerza, y para ello nada mejor que hacerlo de dos modos diferentes, primero usando una considerable cantidad de fuerza física y la segunda utilizando nuestra intención de un modo diferente al que pudiera parecer lógico.

Colocados según muestra la imagen, el que empuja inicia la presión mientras el que soporta se afianza en el suelo, utilizando una idea en su intención: “No me puedes mover”, oponiéndose enérgicamente al empuje y centrando su atención en los lugares donde el compañero nos empuja, hombro y cadera. Seguramente se ejercerá un considerable esfuerzo por ambas partes, aunque el que aguanta será “derrotado” sin mucha dificultad.

En el segundo experimento, adoptamos la misma postura, pero en esta ocasión quien resiste no intenta impedir el empuje del compañero sino que pone su intención en hundir el suelo con el pie contrario al lado del cuerpo en el que recibe el empuje. Ya no se trata de resistir, sino de empujar el suelo, y el empuje del compañero pasa a tomarse, no como una agresión sino como una ayuda para alcanzar nuestro nuevo objetivo. Así, utilizando la idea “Los dos contra el suelo” somos capaces de transmitir el esfuerzo, adoptando una actitud enormemente relajada. La única fuerza que ejerceremos será con nuestra pierna, que no debe ceder en absoluto sino apretar con fuerza, para transmitir el esfuerzo al suelo. Luego, compararemos los resultados de ambos métodos, el uso de la fuerza precisa en cada ocasión y como la actitud (la mente) ha influido en cada caso.

A la hora de resistir, vemos que la actitud y el uso de la intención ofrecen resultados notablemente superiores a los que proporciona la simple fuerza bruta. Veamos ahora cuál sería el modo de usar nuestra mente para empujar.

Nuestro compañero adopta la posición del “Arco y la flecha”, colocando sus manos en la postura “presionar” y se dispone a aguantar nuestro empuje. Para empujar, lo habitual es colocar las manos sobre su antebrazo y empujarlo con todas nuestras fuerzas. En lugar de esto, vamos a efectuar un nuevo experimento. Colocamos las manos tal y como hemos descrito, pero en vez de empujar su antebrazo, imaginamos que lo que queremos mover no es su brazo sino su nuca.


 
Banner

Entidades colaboradoras

Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner

Estadísticas

Usuarios : 3
Contenido : 871
Enlaces : 94
Páginas vistas : 3423264

Banner
Banner
Banner
Banner