LA FORMA SIN FORMA
La simplicidad, la sencillez, el no hacer, pertenecen a la cultura Zen de Japón. El Zen tiene sus orígenes en el budismo Chan de China que había absorbido, a su vez, la influencia taoísta. “De ellos hemos aprendido a desarrollar nuestra parte espiritual. Nosotros somos una representación de nuestra cultura. Por ejemplo, mi personalidad se ha ido formando en el colegio a partir de una versión inglesa de la Historia y de la educación de mis padres. Luego, he profundizado en la versión europea. Yo no soy de Oriente, pero puede que sí lo sea. Mi maestro Kishi, al preguntarle cómo son los japoneses dice ¿quién es japonés? En algún sentido me siento japonés. Obviamente no lo soy, pero de algún modo, sí lo soy”.

En 1981, Paul Lundberg se fue a Japón a seguir las enseñanzas de Akinobu Kishi, y pasó con él muchas horas de entrenamiento formal pero también de compañía y amistad que continúa en la actualidad. De él ha aprendido a desarrollar una práctica de sanación a través del movimiento espontáneo, el Katsugen, que “es al mismo tiempo algo formal pero sin forma, lleno de intención pero sin objetivos específicos. Una ceremonia y una celebración de la vida llena de posibilidades basadas esencialmente en el vacío”. Desde la quietud y la escucha surge un movimiento auténtico que libera bloqueos y nos acerca a nuestra propia naturaleza. Esto ocurre también en el Seiki, otra terapia difícil de definir que desarrolla la autoconciencia y la sensibilidad, dándonos una visión más real de nosotros mismos para curarnos y sanar a los demás. El interés de Paul Lundberg en la tradición del Daoyin le condujo a estudiar con otro profesor en el campo del Qigong terapéutico, el doctor Shen Hong Xun. Sus enseñanzas le presentaron el Daoyin como una práctica fundamentada principalmente en el esfuerzo sin esfuerzo. “Él se basa más en la sanación que en la medicina y encontrarlo me reafirmó de nuevo en este camino”
PROFUNDIZAR EN EL YIN
El Daoyin es un método tradicional de curación sutil, natural y accesible, cuyas raíces se remontan a uno de los instintos más primarios del ser humano: el de consolarnos, tocarnos y apoyarnos unos a otros. En su conjunto, se consideró como el más alto grado dentro de la medicina tradicional debido a su simplicidad y concreción, al guiar a las personas hacia el auto conocimiento, la responsabilidad, la mutua cooperación y el respeto a la naturaleza. Tanto los sistemas chinos de Qigong como el Shiatsu son manifestaciones bastante modernas de la venerable tradición del Daoyin.
Existen, por supuesto, muchas secuencias diferentes, pero todas tratan de mejorar la circulación del Qi dentro del cuerpo. Sus principios básicos comunes están relacionados con la postura, la respiración, la concentración mental y la visualización. Sus efectos son fortalecer huesos y nutrir tendones, ligamentos y articulaciones, además de estimular la función de los órganos vitales. Al seguir los principios del Daoyin, podemos sentir los beneficios más profundos del Qigong: calma interna, lucidez mental y fluidez en los movimientos del cuerpo. Dao significa tranquilidad de la mente, o estado de relajación si hablamos del cuerpo físico. La segunda parte del término, yin, puede traducirse como tirar, adelantar o guiar y se refiere a los movimientos de cada ejercicio, que se utilizan en todo momento como una ocasión para relajarnos de forma consciente. Hay que diferenciar la palabra “Tao” de Taoísmo y “Dao” de Daoyin, y lo mismo ocurre con el término yin, que no es el del yin-yang. Los movimientos del Daoyin son el vehículo que proporciona la oportunidad y el método para aprender cómo hacer un esfuerzo sin excesos de tensión, permitiendo que la serenidad y la paz vayan asentándose en nuestro interior.




















