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Nº 1 - Otoño 2004

LLENANDO LA FORMA
Antonio Leyva


Después de haber aprendido una forma, llega el momento de profundizar en ella a través de la aplicación de los principios del Tai Chi Chuan a cada uno de los movimientos. Uno de los dilemas que se plantean al instructor de Tai Chi Chuan cuando sus alumnos han aprendido aceptablemente una forma es qué hacer a continuación. En muchos casos la respuesta es «pues ahora la forma superior, y luego la espada, y luego....» Lo que aquí se va a proponer es un camino diferente.


Imaginemos el conjunto global del Tai Chi Chuan, con sus formas, técnicas y principios. Si lo comparásemos con un huevo, la forma sería el cascarón. Lo primero que uno necesita para poder trabajar es una estructura en la que apoyar las teorías y principios de nuestro arte y una forma, a ser posible sencilla de aprender, es un excelente principio.

Lamentablemente, para la mayoría aprender la forma es la meta, con lo que se consigue en el mejor de los casos un perfecto cascarón, pero vacío. La misión del profesor, una vez obtenido ese «cascarón» es aportar el «relleno», que en nuestro caso es la suma de los principios reflejados en los clásicos, las aplicaciones, la energía... En definitiva, lo que realmente importa.

Por ejemplo, un método muy fácil de seguir es analizar los diez puntos importantes para la práctica del Tai Chi Chuan dictados por Yang Cheng Fu. El primero de ellos dice que «la energía de la coronilla debe ser ligera y sensible». Según explica Yang Cheng Fu, esto equivale a mantener una postura en la que la sensación se asemeja a estar colgado del pelo, justo por la coronilla. El efecto de aplicar este punto es sorprendente. Al alinear todo el cuerpo, algo que sucedería de forma natural al permanecer colgados, el eje del cuerpo pasa por nuestro centro de gravedad, eliminándose incómodos momentos de fuerza que dificultan los giros. Además, proporciona una sensación de ligereza y equilibrio notables que, a la hora de practicar con compañeros, nos revela de modo instantáneo cualquier deficiencia en nuestra técnica, pues dicha agradable sensación desaparece repentinamente en cuanto se abandona la técnica correcta. Por el contrario, si conseguimos mantener esta sensación, nuestro trabajo se verá recompensado con el éxito.



Personalmente, inicio el estudio de este punto con la práctica de Zhan Zhuang, pero muy suave, con posturas altas y poco abiertas. Muestro cómo aparece una determinada sensación al colocar la cabeza bien asentada sobre los hombros y centrada, retrayendo la barbilla, alineando los hombros con las caderas, retrayendo la pelvis, hundiendo cadera y pecho, elevando la espalda y flexionando las rodillas en dirección a la punta de los pies.

Luego pido al alumno que rompa la estructura correcta y que lo haga de un modo patente. Le pido que se centre en la diferencia de sensaciones entre la postura correcta y la incorrecta. Luego le animo a que continúe con las pruebas, pero reduciendo cada vez más la intensidad de sus errores.

Con este método se consigue que el alumno llegue a ser consciente de la diferencia entre una posición correcta, con la correspondiente sensación, y una que parece serlo pero no lo es debido a defectos de muy difícil observación visual que sólo pueden apreciarse a través de las sensaciones que producen.


 
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