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Nº 10 - Invierno 2006

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TAICHI EN LAS ARTES
ESCÉNICAS

Teresa Rodríguez


E l Taichi se encuentra cada día más presente en el mundo del teatro, la danza y la música. Forma parte del entrenamiento de algunas escuelas y compañías y en ocasiones se ha convertido en un valioso recurso durante las diferentes fases de la creación artística, montaje y representación teatral. Figuras consagradas como José Luis Gómez, Víctor Ullate o Tomaz Pandur han confiado en sus técnicas. En este artículo reflejaremos algunas líneas convergentes en el entrenamiento de Taichi para este sector.


Desde la perspectiva de la filosofía taoísta, al dirigir una sesión de trabajo puede resultar útil considerar la unión e interacción existente entre todos los factores que la conforman a fin de extraer el mayor beneficio posible para sus participantes. Esta manera de actuar no brota tanto del análisis racional como de la utilización del lado intuitivo y analógico del cerebro, aunque exista a posteriori una reflexión al respecto. A menudo el ritmo y enfoque de las clases se adapta de manera natural a la variación de sus elementos. Por ejemplo, la estación del año, la hora a la que se practica, el frío o calor que hace en el lugar y lo cansados o estimulados que están los alumnos. Si el profesor observa con una actitud relajada y abierta, podrá recoger la información disponible tanto en las capas más externas de la situación presente como en las internas, y emplearla siguiendo su instinto y sentido común. Así, es posible incluir objetivos y ejercicios no previstos de antemano que ayuden a equilibrar algunas carencias que se dan en un determinado momento. Como veremos a continuación, en la enseñanza para el sector del que vamos a hablar resulta especialmente interesante mantener despierta esta habilidad.

esc01El mundo de las artes escénicas suele ser intenso y efímero. Los proyectos se suceden unos a otros en los teatros con una fecha de caducidad muy próxima al estreno, a excepción de aquellos cuyo éxito les permite perdurar un poco más en el tiempo, como es el caso de algunos musicales u obras muy concretas. Así, la idea de enseñar una disciplina que tarda años en ser comprendida e integrada es incompatible a primera vista con el ritmo vertiginoso al que se mueve el sector teatral. El profesor dispone de muy poco tiempo para trabajar con los alumnos, de modo que los objetivos serán más o menos superficiales según se presente el caso, y deberá centrarse en dar una idea global del arte o bien en aspectos muy determinados. A partir de mi propia experiencia y de las impresiones contrastadas con otros profesores que han trabajado en el medio, creo que el Taichi puede ser un instrumento muy útil como método de tonificación, relajación o refuerzo energético, así como para la toma de conciencia del espacio interno y externo. También constituye una propuesta válida para facilitar la adquisición de un cierto enraizamiento y estabilidad interior, elementos que ayudan al actor a soportar la presión de un ambiente de bruscos altibajos, y a manejar la tensión previa al estreno. Estos alumnos se encuentran inmersos en la idea del cambio, algo muy presente en sus vidas, y es posible utilizar el Taichi como herramienta para ayudarles a armonizarse consigo mismos y a interactuar con los demás en su aquí y ahora.


Un baile de máscaras: Taichi para actores

El pasado año tuve la oportunidad de trabajar con los actores y bailarines que participaron en el montaje del Infierno de Dante en Madrid. El director de la obra, el esloveno Tomaz Pandur, es practicante de Tai Chi Chuan estilo Chen y siente una clara atracción hacia el mundo de las artes marciales orientales y el espíritu que las mueve. A lo largo de su dilatada experiencia en la dirección escénica ha experimentado frecuentemente con la aplicación de algunos aspectos del arte en su trabajo con los actores. A menudo ha comprobado cómo el Taichi puede ayudar al actor en el proceso de construcción del personaje mediante la toma de conciencia y el aumento de su capacidad de concentración y asimilación. Respecto a los bailarines, ha observado que la propuesta de un lenguaje corporal con nuevas pautas de movimiento les insta a intentar dejar a un lado sus roles clásicos y danzar de una forma distinta. Por eso suele exigir en sus montajes que tanto actores como bailarines tomen una clase de Taichi antes de los ensayos.


 
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