En el año 44, cuando era joven, publicó una invitación en el periódico para que luchadores de todo el mundo viniesen a pelear con él. Luchó con maestros chinos y japoneses. Antes del combate tenían que firmar un papel en el que no se hacían responsables si el otro moría. De ese modo acordaban que si ocurría cualquier tipo de lesión durante la lucha uno debería asumirlo. Con la edad la manera de pensar se vuelve más filosófica y tranquila y por eso nos prohibió estas cosas. Llegó un momento en que tomó conciencia de su gran nivel de gongfu. Vio, por ejemplo, que con un pequeño movimiento podía dañar con gravedad algún órgano interno sin que por fuera se notase nada. Por todas esas cosas prefirió mantener a sus hijos alejados de este tipo de conocimientos en potencia tan peligrosos.
Su padre les dijo que no aprendieran más formas externas, que cultivasen el interior, que no se moviesen si el Qi no lo hace... todo eso recuerda mucho a las teorías del Dacheng Quan. ¿Existe una relación con eso?
Mi padre conoció a Wang Xiangzhai y ambos intercambiaron muchas cosas. Está bien aprender de diferentes escuelas, siempre y cuando se tenga una base bien asentada y se entienda correctamente la teoría y los principios. Es muy importante comprender esto y sobre todo practicar. Así uno puede llegar a distinguir cuál es el camino correcto y cuál no, qué prácticas puede hacer y cuáles no. Pero como habréis visto, los grandes maestros acaban prescindiendo de las formas y se centran en la esencia, en el movimiento interno. Mi padre nos repetía a menudo que había que centrarse en lo esencial y no andarse por las ramas, y creo que eso es lo mejor. ![]()
Traducción del chino: Li Jing Ye
Fotografías: Teresa Rodríguez.
Ilustraciones: Alfonso Manzanares
Teresa Rodríguez es profesora del estilo Chen de Taijiquan y de Qigong, y terapeuta de Shiatsu y Qigong.
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