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Nº 7 - Primavera 2006

HU YUEXIAN:
FLUIR CON EL QI

Teresa Rodríguez


El Qi impulsa los movimientos del cuerpo como el viento mueve las hojas de los árboles. Por eso al practicar, sólo hay que relajarse y seguir ese impulso interno. Esta es la idea fundamental que la Dra. Hu Yuexian trató de transmitir en esta entrevista, en la que sobre todo quiso homenajear la memoria de su padre, Hu Yaozhen, un médico eminente y gran artista marcial. También nos habló de su propio camino, así como de los principios que deben guiar la práctica del Qigong.


La Dra. Hu Yuexian es una mujer humilde, que transmite a raudales calidez, alegría y fortaleza de carácter. Mientras nos preparaba una taza de té recién traído de China, comenzó hablándonos de Hu Yaozhen, un espíritu inquieto que consagró su vida a la investigación del Qi y sus aplicaciones médicas y marciales.

Mi padre nació en 1897. Desde joven fue un apasionado de las artes marciales y por eso les dedicó toda su vida. Practicaba Qigong, gongfu y aprendió de todas las escuelas, la budista, taoísta, etc. A lo largo de su vida tuvo en total diecisiete maestros. Cuando se enteraba de dónde había alguien que destacaba en su arte iba enseguida a aprender con él y por eso conoció a tantos. El Taiji Quan estilo Yang lo aprendió de Zang Qinling. El Xingyi Quan se lo enseñó Peng Ting Jun, al que llegué a conocer cuando tenía doce o trece años, porque se vino a vivir a casa de mi padre. Tanto Zang como Peng eran taoístas. También aprendió con Wang Xiangzhai, el creador del Dacheng Quan y sobrino del famoso Guo Yunsheng. En el Pekín de los años cuarenta Wang era muy conocido y tenía muchos alumnos. El Taiji Quan del estilo Chen lo aprendió con Chen Fake.

Mi padre era médico pero dedicaba todo su tiempo libre al gongfu. Investigó mucho sobre el aspecto marcial del Taiji Quan. No se cansaba de estudiar, por ejemplo, cómo aplicar mejor cai para dejar sin fuerza al otro, o cómo utilizar más eficazmente el ataque a un determinado punto vital. Pasaba mucho tiempo pensando sobre estas cosas y siempre buscó a los mejores expertos porque entre ellos solían investigar e intercambiar reflexiones sobre sus respectivas artes.

Hasta 1947 mi padre tuvo una academia de wushu en Shanxi a la que acudían muchos alumnos. Después se marchó a Pekín y también allí hubo mucha gente que estudió con él. Feng Zhiqiang fue uno de sus últimos alumnos, muy conocido hoy en día y todavía vivo. Pero mi padre tuvo otros alumnos que llegaron a ser muy buenos aunque sus nombres no se hayan dado tanto a conocer. Por ejemplo, a uno de ellos que ya ha muerto, Jiao Guo Rui, le hicieron una prueba científica con sensores porque su Qi era tan potente que podía percibirse electrónicamente. También estaba Li Jing Wu, que aprendió el estilo Chen primero con Chen Fake y después con mi padre, y Qin Zhong Shan, que estudió con Wang Xiangzhai y luego también con mi padre. Los alumnos solían buscar diferentes profesores para conocer de esa manera distintos puntos de vista sobre su arte.

Con una familia así, desde pequeña ya estaba acostumbrada a ver pelearse a todo el mundo. Los alumnos de mi padre practicaban en el patio y yo me quedaba allí mirándoles. Recuerdo que en Pekín, cuando tenía siete u ocho años, los hermanos de escuela venían a visitar a mi padre y practicaban todos los días en el patio a primera hora de la mañana. Hacían santi shi, la base del Xingyi Quan y también jiben gong. A mí me encantaba verles.


 
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