Artículos Todos los artículos (Lista) EL DESAFÍO DE LA TRANSFORMACIÓN... Entrevista a Tew Bunnag
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Actualmente hay muchas personas que sufren de hiperactividad o ansiedad, y la sola idea de hacer Taichi les pone muy nerviosos porque no pueden ralentizarse y aprender a respirar correctamente. ¿Cómo podemos transmitirles mejor el arte?

Creo que cuando alguien llega por primera vez a una clase hay que ayudarle a “despertar” desde donde está, con respeto y sin analizar en principio lo que le ocurre. Tarde o temprano tienes que preguntarte la razón, que seguramente es el miedo, pero la paciencia es muy importante en la enseñanza, y también lo es la empatía, respetar dónde está el alumno que llega y utilizar con habilidad las herramientas que uno tiene. Por ejemplo, si veo que hay rabia, una emoción muchas veces difícil de reconocer y aceptar, intento utilizar alguna técnica que en vez de ayudar a reprimirla y reforzar así este patrón, le apoye para que salga y pueda revelarse un poquito más. Esta es una de las ventajas de manejar el lenguaje marcial, que podemos trabajar con patadas o puñetazos acentuando la exhalación para ayudar al alumno a enfrentarse con este fenómeno de la rabia dentro de sí mismo, sin hacer daño a nadie y sin que intervengan la palabra ni el lado intelectual, sin preguntar la razón que puede haber detrás, como que tu padre te pegaba, por ejemplo. Aquí estás trabajando directamente con la energía, soltando esa patada que quizás nunca hayas podido dar, liberando la energía que estaba reprimida en los muslos, en las caderas, en la parte baja, en la columna. Creo que el trabajo de un profesor es reconocer estos problemas desde su doble experiencia y utilizar sus herramientas con habilidad.

Yo no puedo hacerlo siempre, pero lo intento. Si consigo algo, viene del respeto hacia mi alumno. Y viene también de las prácticas que he hecho para aprender a escuchar. No es nada especial, ni misterioso. Si eres profesor, evalúas las cosas que te vienen a través de tu experiencia y desarrollas la capacidad de captar a tu alumno, de escucharlo. Entonces funciona, porque la relación es muy viva y entiendes realmente lo que le ocurre.

Te voy a ofrecer un ejemplo de mi otra vida en mi país. Allí trabajo con gente que se está muriendo. Alguien que ve cerca la muerte siempre busca un aliado, un amigo, un testigo de su proceso. A veces te preguntan: "¿Me estoy muriendo?" Y muchas veces tú tienes que ser muy sensible a él y a algo que se llama la verdad. Y la verdad es que se está muriendo. Para ayudar a morir a alguien sin miedo, con coraje y calma, a veces tienes que darle una mentira, o decirle la verdad de otra manera: que todos estamos muriendo, por ejemplo. En realidad no es una mentira, pero da otra perspectiva, otra manera de vivir ese proceso. Esto le puede ayudar a aceptar la muerte. Si utilizamos en estos casos una franqueza fría y decimos la verdad hay personas que pueden afrontarla porque están preparados, y entonces uno debe decírselo, pero no puedo explicarte cómo saber si están listos o no, porque eso es algo que nace de la experiencia.

Lo que intento decir es que no hay una manera única de enseñar ni de transmitir lo que vemos. Y como profesor tienes que estar siempre buscando, entendiendo y escuchando tu propio proceso, desarrollar tu propia sensibilidad y a la vez respetar a tus alumnos. Esto es un punto clave para mí y es algo que estoy compartiendo continuamente al relacionarme con los amigos. Cuando nos encontramos en el terreno de la enseñanza lo más importante es que estamos creciendo, no debemos dejarnos atrapar por la sensación de poder. Hay que estar detrás de los alumnos apoyándolos, escuchando. Esto es muy distinto de la forma tradicional de enseñanza, y es algo que requiere un trabajo constante.


 
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