Artículos Todos los artículos (Lista) EL DESAFÍO DE LA TRANSFORMACIÓN... Entrevista a Tew Bunnag
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Lo primero que ha llegado del Taichi a occidente es su aspecto de salud y meditación. Muchos profesionales y medios de comunicación hasta ahora han recogido sólo esta faceta y olvidado el lado marcial. Entonces, el arte queda incompleto. Hoy día muchas escuelas tratan de recuperar este aspecto y el problema es que algunas han inclinando tanto la balanza hacia lo marcial que se han olvidado del lado meditativo y espiritual, y la enseñanza vuelve a quedarse incompleta. ¿Podría hablarnos de su visión personal al respecto?

La contradicción entre el aspecto espiritual, que incluye la meditación, y el marcial es un tema muy importante. La riqueza del arte consiste en integrar ambas caras dándoles la misma importancia. En la vida pasamos por fases en las que una faceta adquiere mayor relevancia que la otra, pero existen ambas. El Taichi es un camino marcial, de eso estoy seguro, porque el lenguaje básico del arte lo es. Tenemos que tener claro qué significa marcial y, sobre todo, entenderlo en la época que vivimos. ¿Qué significa un entrenamiento marcial en el contexto de bombas nucleares, armas, terrorismo y violencia de todo tipo? ¿Tiene cabida en nuestra sociedad, o es algo exótico que sólo vale para esos espectáculos de combate libre donde dos personas simplemente se pegan? ¿Es juego o autodefensa? Hay que considerar esto cuando llegamos a un arte marcial llamado interno, cada practicante tendría que contemplar las razones que llevan a alguien a querer pelear en este contexto. Para mí luchar siempre ha sido un medio para explorar la posibilidad de salir de la violencia, que es algo muy difícil. Empecé mi carrera como profesor de Taichi trabajando con gente que la había sufrido y que estaba atrapada en patrones de autoabuso, así que este tema me ha tocado de cerca.

Creo que en nuestra época las artes marciales son un lenguaje, porque ya no estamos en un tiempo en el que sirvan para ir a la guerra y matar o que te maten. Hoy día si quieres matar a alguien no aprendes Taichi, te buscas una pistola o algo así. En este contexto social creo que el arte marcial continúa siendo importante como un área donde explorar nuestra propia violencia y buscar la forma de ir más allá, hacia la paz. Eso es lo que aparece casi siempre cuando entro en este terreno con mis alumnos: la posibilidad de investigar este tema en profundidad, mucho más allá de las creencias, y esto es algo muy difícil. Porque alguien puede creer firmemente en la paz y pensar que tiene superada su propia violencia interior, pero después, en el trato con la familia o con los seres cercanos surgen la rabia, la impaciencia, las palabra crueles... Esto nos ocurre a todos. Hay una gran distancia entre lo que creemos y lo que vivimos, y me parece que las artes marciales nos ofrecen un espacio donde ponernos a jugar y revelarle al otro, y también a nosotros mismos, los patrones que tenemos. Y después, cuando fuera del entrenamiento surja algo negativo y llegue el momento de aplicar todo esto, en vez de reaccionar con violencia, al menos seremos capaces de detenernos un instante y responder de otra manera.

A mí me interesa este nivel de las artes marciales que no tiene nada que ver con ganar o perder en la lucha, ni con la competición, porque aunque esas cosas pueden dar muchas satisfacciones, en realidad lo que me importa es el lenguaje de exploración y descubrimiento que no hace daño y con el que podemos reír, jugar y aprender. El lado marcial nos ofrece una oportunidad que se presenta muy raras veces, sobre todo de adultos, porque hemos perdido la posibilidad de jugar a pelearnos con golpes, patadas, puñetazos, etc.


 
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