Artículos Todos los artículos (Lista) EL DESAFÍO DE LA TRANSFORMACIÓN... Entrevista a Tew Bunnag
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En España fue más o menos igual, porque cuando aquella comunidad se deshizo casi todos empezaron a enseñar con una gran sinceridad. Gracias a ellos, y no a mí, ahora tengo el placer de ir, por ejemplo, a Castellón y encontrar en los cursos a gente "normal", gente que no vive en una comuna en las montañas, sino enfermeras, maestras, médicos o vendedores de seguros y que están integrando el arte del Taichi en su vida. Eso es una satisfacción para mí, porque coincide con una visión que tuve muchos años antes de comenzar a enseñar: que el Taichi es un tesoro en la época que vivimos, en nuestra era, porque es un medio, un lenguaje que puede ayudar a la gente y transformar su vida.

Nunca pretendí ser como un misionero, no tenía el cometido de cambiar las cosas aunque sí tenía la fe, porque el arte del Qi me había salvado la vida de joven cuando sufría depresiones. Conocía el poder y el potencial que tiene el Taichi para curar y transformar, y por eso creía que podía ayudar. Y ahora, cuando hago mis pequeños cursos, sobrepaso con creces mi esperanza al ver a los alumnos aprovechar el arte e integrarlo en su vida cotidiana y en sus tareas profesionales.

Para mí esto significa mucho porque veo que el arte hoy día sigue tocando y llegando a las personas. Cuando empecé a enseñar en Inglaterra, Francia y España, tenía que emplear mucho tiempo en explicar el concepto de Qi, yin, yang, etc., porque no existía este lenguaje y tampoco había puntos de referencia, no había nada. Ahora, como siempre, puede haber quien se ría de estas cosas pero, en general, la gente las conoce. Y esto es un gran cambio que se realiza a muchos niveles. Por ejemplo, hay quienes se vuelven vegetarianos o se preocupan por comer alimentos biológicos, se relacionan más con el entorno, eligen un modo de vida más sano... todo esto son consecuencias de la práctica. Creo que el Taichi ha contribuido a crear otra sensibilidad y este hecho es revolucionario. No es la única influencia, por supuesto, pero forma parte de una revolución "tranquila" de personas a las que ha llegado esa especie de chispa y toman consciencia de cómo viven, comen y beben. Esto es lo que importa y me siento muy feliz de haber formado parte de ello, de haber contribuido a que ocurra.


¿Cuáles fueron los motivos que le llevaron a la enseñanza?

En realidad yo no tenía la intención de dar clases, fue cosa de mi maestro de meditación. Él iba a montar un centro experimental en Inglaterra con la idea de combinar los caminos y prácticas tradicionales con la terapia y los acercamientos occidentales. Me invitó a enseñar allí y me dijo que estaba preparado. En aquella época yo había formado parte del movimiento contra la guerra de Vietnam y me sentía un poco cansado de tener una misión. No tenía la ambición de enseñar ni de cambiar el mundo, me sentía bien practicando y viviendo mi vida. Pero cuando me sentaba a meditar veía que esta propuesta coincidía con lo que yo quería hacer para aportar mi grano de arena; y además suponía experimentar, realizarlo de una forma distinta a la tradicional, así que me dije, ¿por qué no? Y lo hice. Los primeros años teníamos sobre todo personas que estaban siguiendo terapia o que habían sufrido los excesos de los años sesenta y eran adictos. Teníamos que tratar problemas concretos y para mí fue un gran desafío averiguar cómo utilizar e integrar mis conocimientos. Así fui aprendiendo a enseñar y así es como lo sigo haciendo.


 
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