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Nº 9 - Otoño 2006

EL DESAFÍO DE LA TRANSFORMACIÓN
EN EL MUNDO REAL
Entrevista a Tew Bunnag

Teresa Rodríguez


El 25 de abril de 2006 el horóscopo de Virgo del periódico La Vanguardia rezaba: "Evite entrevistas o conversaciones de importancia, ya que anda algo bajo psíquicamente. Falta de rendimiento intelectual". A pesar del augurio Tew Bunnag acudió a su cita con TAI CHI CHUAN para hablarnos de su camino espiritual y sanador. Su actitud ante la vida le ha hecho aceptar retos que probasen en un contexto real la validez de sus prácticas y creencias. Un ejemplo de ello es la ayuda que ofrece desde hace seis años en Tailandia a niños y adultos enfermos de SIDA. Tew nos impresionó profundamente con la claridad de su consciencia, su pasión por la vida y la calidez de su corazón.


Empezó a dar cursos en España a mediados de los 80, una época en la que el Taichi apenas se conocía en nuestro país. ¿Qué cambios ha notado en el ambiente desde entonces?

En 1975 comencé a enseñar en Inglaterra y después en Francia. En Inglaterra daba clases en un centro y también en algunas universidades del sur del país. Un día vinieron a verme unos catalanes, me dijeron que tenían una comuna y me invitaron a que enseñase allí. A mí siempre me ha atraído lo desconocido, y además había estudiado la literatura española cuando era joven, por eso pensé que podía ser una manera de reconectar con España. En 1985 tuve un par de semanas libres y me dije, ¿por qué no? Entonces vine a Cataluña y me llevaron a una comunidad en las montañas. En Inglaterra había estado desde el principio muy involucrado en estas cosas durante los años sesenta y setenta, así que me gustó mucho encontrarme con un grupo de personas que se habían puesto nombres raros y que tenían algo muy profundo en términos de práctica, de eso no había duda. Las condiciones eran un poco duras, por ejemplo, no había puertas en los retretes, pero para mí todo aquello era muy inocente, muy fresco. Desde que les conocí quedé encantado con ellos y decidí apoyarles.

Esta gente había estado trabajando con Emilio Fiel y la comunidad del Arco Iris y, en relación con el Taichi, algunos habían ido a clases con Peter Yang, que estaba en Barcelona por aquella época. Sin ánimo de crítica, porque siempre he sentido mucho respeto hacia el trabajo de los demás, estos alumnos buscaban un enfoque diferente, y entonces yo estaba muy centrado en la lucha de Taichi y en su aspecto curativo. Al principio, como había ocurrido también en Inglaterra durante los años sesenta y setenta, observé que la mayoría de los que acudían a las clases estaban relacionados con una manera alternativa de vivir y tenían experiencia en prácticas meditativas, yoga y lucha política, todo mezclado. Eran personas que vivían al margen y, aunque no me gusta la palabra hippie, tenían ese fondo. Por aquel entonces yo me preguntaba si mi trabajo podría calar en otro tipo de personas, porque cuando había comenzado a dar clases en Inglaterra en los años setenta, después de la locura de la década anterior, mis alumnos eran más o menos el mismo tipo de gente implicada en el terreno de la terapia, el activismo político, las drogas... Era un tipo de personas algo particular. Los que venían a los cursos se transformaban poco a poco, y la puerta se iba abriendo gracias a esa primera generación de alumnos.


 
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