Uno de mis profesores, Serge Dreyer, señalaba que se puede llegar a ser consciente de tensiones muy profundas con el empuje de manos, y esto es verdad. Si siempre practicamos Taichi a solas en sitios bonitos y apacibles, nos sentiremos muy relajados y muy centrados, ¿pero qué será de esa paz interior cuando empecemos a recibir empujones? ¿Podremos seguir siendo fuertes sin ser violentos? ¿Podremos ser comprensivos y suaves sin ser débiles ni dejarnos zarandear?
Sólo hay que observar a los niños jugar. Los niños se tantean y se empujan mucho. Es curioso, pero a menudo la mejor forma de sentir de verdad nuestro cuerpo, nuestros límites y nuestras posibilidades es empujando a otros y siendo empujado por ellos. Es como la vida misma, y el empuje de manos puede ser una forma de aprender a cultivar conscientemente este juego. ![]()
Juanolo Gutiérrez es diplomado en enfermería y fisioterapia. Enseña Tai Chi desde 1994.
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Traducción: Luis Soldevila
Fotos: Loni Liebermann






















