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Nº 12 - Verano 2007

yinyangTEORÍAS DEL YIN Y YANG
A REVISIÓN

Pedro Jesús Jiménez


La teoría del yin y el yang debería representar un tema de especial interés para todas aquellas personas que trabajan dentro de la tradición china porque constituye el fundamento, la esencia y el resumen de todas sus prácticas. Sin embargo, cuando profundizamos en su contenido aparecen algunas dificultades.


El yin y el yang son la vía del Cielo y la Tierra,
los grandes esquemas de todas las cosas, los padres
del cambio, el origen y el principio del nacimiento
y la destrucción, el palacio de los dioses.
Su Wen


Cuando se habla de la teoría del yin y del yang encontramos que se han establecido diferentes clasificaciones de atributos en relación a estas polaridades: Granet (1954), Lavier (1974), Kagotani (1988), Bosarello (1989), Lumberg (1996), Collins (1997)... Si examinamos estas listas podemos observar que a veces algunos autores difieren en la clasificación de ciertos atributos como yin o yang, de modo que la primera pregunta que se nos viene a la cabeza es: ¿cuál es el fundamento o criterio que se ha utilizado para elaborar estas clasificaciones?

Según Joseph Needham, el eminente sinólogo inglés autor de la monumental obra Ciencia y Civilización China, poco se conoce sobre los orígenes de la teoría del yin-yang, ya que ni siquiera se menciona en los fragmentos encontrados del Tsou Yen, texto perteneciente a la "Escuela del yin-yang", a la que los textos tradicionales atribuyen dicha teoría.

Para encontrar la solución a esta pregunta debemos tener claro que los atributos que se han asociado al yin y al yang han sido interpretados por los autores tomando en cuenta distintos referentes, siendo éstos la clave para entender la lógica de cada clasificación.

 



La visión cultural

Para Marcel Granet, uno de los más reputados sinólogos franceses, el referente de clasificación responde, más que a una especulación filosófica diferenciadora, a una tradición cultural comúnmente aceptada que tiene sus fundamentos en la marcada distinción de funciones entre sexos en la antigua sociedad china. Los chinos, como pueblo eminentemente práctico, asociarían el yin y el yang a los diferentes aspectos de las realidades sociales que vivían.

Para justificar esta respuesta, el autor analiza los primeros textos en los que aparecen por primera vez los términos yin y yang: el Ts´ien Han Chu, un calendario astronómico del siglo III a.C.; el Hi ts´e, un apéndice con finalidad adivinatoria del I Ching datado en los siglos IV-III a.C.; y el Shi Jing, una compilación poética de comienzos del siglo V11) Hemos respetado las transcripciones de los títulos de obras clásicas que da cada uno de los autores citados.-.



Al estudiar estos libros Granet observó que los términos yin y yang se nombran sin darles una definición, dotándolos de atributos que parecen ser asignados a partir de una tradición cultural. Además, para el autor, nada invita a pensar en estos textos que yin y yang sean considerados substancias, fuerzas o principios sino que representan más bien "emblemas" provistos de una gran fuerza sugestiva que sirve para evocar todos los contrastes posibles.

Tanto para Granet como para Needham los atributos más antiguos que se asociaban al yin y el yang estaban relacionados etimológicamente con la oscuridad y la luz respectivamente: yang es la vertiente soleada de una montaña y yin su vertiente umbría.



Basándose en el estudio del Shi Jing, ambos coinciden en que el yin evocaría además la idea de tiempo frío y cubierto, de cielo lluvioso, y que se aplicaba a lo que es interior y femenino, a lo que está dentro y es oscuro, como en las cámaras subterráneas donde se conserva el hielo durante el verano. El yang evocaría la idea de sol y calor, los meses de primavera y verano, el porte varonil de un danzarín en acción.

Granet sitúa los orígenes de esta tradición cultural en la diferenciación de funciones entre sexos y en las fiestas primaverales de la sociedad china antigua: "Únicamente considerando las formas antiguas de la oposición de los sexos se puede llegar a comprender las nociones de yin y yang, su contenido, su papel, su fortuna y sus mismos nombres".

Según su teoría, en la antigua sociedad china cada sexo tenía claramente definidas sus tareas, así como los tiempos y lugares donde debían realizarse. Las mujeres trabajaban dentro de casa en la oscuridad, dominando lo interno, mientras que los hombres trabajaban en primavera y verano al sol dominando en el exterior.

Pero otro aspecto clave en esta tradición eran las ceremonias sexuales rituales que se celebraban en primavera. Granet parece encontrar aquí el sentido a frases tradicionales como “el yang llama y el yin responde" en una tradición de cortejo a través del canto y la danza en la que "los muchachos llaman y las muchachas responden", e incluso el sentido de la traducción de los propios ideogramas como las partes soleada y umbría de una montaña, pero también de un valle o un río, que tendría relación con la colocación espacial de ambos grupos en la ceremonia de cortejo. Henri Maspero, otro célebre sinólogo francés, toma como referencia el Shi Jing y la obra de Granet y profundiza en este modelo de sociedad tradicional ofreciendo muchas claves.

Por último, queremos destacar otra idea interesante del pensamiento de este autor secundada por Needham, y es que desde el punto de vista adivinatorio los atributos del yin y yang no se muestran como aspectos "en oposición" sino "de alternancia", como lo demuestra el ciclo de las estaciones y del día y la noche, siendo éste el principio rector del calendario y la base de la adivinación.



En el capítulo quinto del Hsi Tzhu, el apéndice del I Ching, se dice: “Un yin y un yang, este es el Tao", ofreciendo la idea general de que sólo hay estas dos fuerzas fundamentales en el universo, ahora dominando una, y luego dominando la otra, como una sucesión de olas.

Dos ideas clave quedan pues de estos autores:

1) la idea inicial de yin y yang como fruto de la tradición, y no de la especulación filosófica;
2) la idea de alternancia del yin y el yang frente a la idea de oposición.

En el capítulo quinto del Su Wen, el Gran tratado sobre las clasificaciones yin-yang de los fenómenos naturales, volvemos a confirmar la tesis defendida por Granet sobre la tradición culturalmente aceptada, ya que no se establecen los principios que definen qué es el yin y el yang sino que simplemente se asocian a un conjunto de fenómenos o procesos.

En la obra leemos: "La energía yang seguirá ascendiendo hacia el cielo, y la energía yin seguirá descendiendo a la tierra. El yin es tranquilo y el yang es agitado; el yang se encarga del crecimiento y el yin de la nutrición; el yang se encarga de la destrucción y el yin de la creación de reservas; el yang se encarga de la energía de transformación y el yin de la elaboración de la forma".



Y sigue estableciendo analogías: "La energía fría dará origen a algo oscuro, y la energía caliente dará origen a algo claro, (...) por eso el claro yang es el cielo y el oscuro yin es la tierra; la energía de la tierra asciende para convertirse en nubes y la energía del cielo desciende para convertirse en lluvia; la energía de la tierra genera el agua y la energía del cielo genera las nubes. (...) El agua es yin, el fuego es yang, el yang es energía y el yin es sabor”.

Estos párrafos son lo suficientemente alegóricos para poder clasificar muchas categorías en función de los atributos que asocia a cada uno: la energía yang es ascendente y expansiva hacia el cielo, agitada, de procreación, de destrucción y transformación, caliente, luminosa, el fuego; la energía yin es descendente y contractiva hacia la tierra, tranquila, de nutrición, de creación de reservas y elaboración de la forma, fría, oscura, el agua.


La visión pragmática

Otra importante figura dentro de la sinología francesa, Jean Marie Lavier, establece que el punto de referencia para clasificar los múltiples objetos y procesos que conforman nuestro mundo como yin o yang es la posición vertical del hombre y la relación cielo-tierra.

Para el autor, una persona de pie frente al horizonte, observando su entorno, llegaría a la siguiente conclusión: agachándose a tocar la tierra comprobaría que es algo sólido, concreto, material, mesurable, es decir, finito y dotado de límites; después, mirando hacia arriba, hacia el cielo, comprobaría que este no puede tocarse con las manos, que es impalpable y sutil y se nos presenta como algo infinito y sin límites.

Desde este punto de vista la tierra, que representa el yin, se convierte también en símbolo de la substancia y de lo cuantititativo, del espacio y la medida, mientras que el cielo, que representa el yang, se convierte en el símbolo de la esencia y lo sutil, y se asocia al tiempo.

Siguiendo este punto de vista pragmático, Lavier sigue estableciendo características que definen la tierra y el cielo y así el yin y el yang. Para el observador, la tierra se muestra estable e inmóvil, mientras que el cielo, donde las nubes y planetas se mueven incesantemente, aparece en perpetuo movimiento. Además, la luz y el calor vienen del cielo, que parece comportarse como un emisor activo. La tierra, en cambio, en virtud de su pasividad, sería un receptor, y como fuente de nutrición y soporte se podría relacionar con lo femenino.



El hombre, como intermediario entre el cielo y la tierra que existe entre ambos y participa de ellos, poseería simbólicamente funciones asociadas al cielo y otras ligadas a la tierra. Aspectos menos tangibles como el pensamiento o las emociones tendrían una calidad más celeste o yang, mientras que el cuerpo, los órganos o la sangre tendrían una calidad más terrestre o yin. En resumen, para Lavier todas las cualidades que definen el cielo y la tierra son las que rigen la dicotomía yin-yang.


La visión científica

Por otro lado, a partir de los descubrimiento de la física moderna algunos autores han tomado como referente para establecer la clasificación de los atributos la diferenciación entre estructura y función, fuerza centrífuga y centrípeta, fuerzas de atracción y repulsión, etc.

Una de estas teorías es la que establece José María Sánchez: "Yin y yang son el apellido, mientras que estructura o función es el primer nombre que podemos dar a cualquier cosa. Es antes la consideración de algo como estructura o función que como yin o yang, dado que no podemos decir si yin o yang son estructuras o funciones, pero sí podemos decir si una estructura o una función es yin o yang". El autor entiende por estructura la consideración de un ser o fenómeno desde un punto de vista de lo que es, de su figura, su aspecto, su forma y su masa; es la cristalización de la energía, de las fuerzas, de las funciones, la energía condensada. En cambio la función es la consideración de un ser o fenómeno desde el punto de vista de lo que hace, de su movilidad, según su vibración más o menos rápida, su aceleración o ralentización.

Este referente se asocia a su vez con el predomino de las fuerzas centrípetas y centrífugas, junto a las fuerzas de atracción o repulsión. El autor defiende que la fuerza centrípeta, expresada en la fuerza de la gravedad terrestre, tiende a acercar las cosas, a concentrar y comprimir la materia, actuando como una fuerza de atracción cuya acción es contraer las estructuras y ralentizar las funciones; mientas que la fuerza centrífuga tiende a alejar las cosas, a expandir y aligerar la materia, actuando como una fuerza de repulsión cuya acción es expandir las estructuras y acelerar las funciones.

Según estos referentes, y estableciendo un criterio de oposición entre estructura y función, el autor establece que "a las estructuras que se expanden (predominando la energía centrífuga y la repulsión) se las denomina yin, y a las que se contraen (predominando la energía centrípeta y la atracción) se las denomina yang; mientras que a las funciones que vibran con intensidad acelerada se las denomina yang y a las que vibran con intensidad ralentizada se las denomina yin".

Según su teoría y tomando como referente los parámetros espacio-tiempo, Sánchez clasifica como estructuralmente yin y funcionalmente yang: el día, la luminosidad, el calor, las cosas o situaciones con desarrollo rápido y corta duración, los colores rojos, los sonidos estridentes, lo que es exterior, los cuerpos alargados, ligeros y de volumen expandido, la derecha, arriba, lo anterior…; y como estructuralmente yang y funcionalmente yin: la noche, la oscuridad, el frío, las cosas o situaciones de desarrollo lento y larga duración, los colores oscuros, los sonidos suaves, lo interior, los cuerpos cortos, pesados y de volumen contraído, la izquierda, abajo, lo posterior…



Si para Lavier el cielo es simplemente yang y la tierra yin, para Sánchez el cielo, al ser algo expandido e inmaterial, se clasifica desde el punto de vista estructural como yin y la tierra, que se nos muestra como algo condensado y comprimido, como yang. Esto parece mostrar una contradicción, pero el problema se resuelve cuando Sánchez establece como criterio que “todo lo que es estructura yin es a la vez función yang, y todo lo que es estructura yang es a la vez función yin".

Esto significaría que el cielo es una estructura yin expandida, pero con una función yang, activa, que cada día nos ofrece un aspecto distinto; mientras que la tierra es una estructura yang contraída con una función yin, pasiva, que apenas parece que muestre cambios. Desde este punto de vista sí encontramos un punto de acuerdo.

Como conclusión queremos añadir que la teoría del yin-yang es un modelo de trabajo fascinante que está presente en todas las manifestaciones tradicionales y culturales chinas: taichi, pintura, poesía, acupuntura, masaje, música… y que su análisis y estudio constituye un referente fundamental para ayudarnos a profundizar en nuestras prácticas. spirito


Pedro Jesús Jiménez Martín
es doctor en Ciencias de la Actividad Física del Deporte (INEF)
y practicante de Taichi estilo Chen.


NOTA:

1. Hemos respetado las transcripciones de los títulos de obras clásicas que da cada uno de los autores citados.


Bibliografía

- Maspero, Henri. El taoísmo y las religiones chinas. Ediciones Trotta. Madrid, 2000.
- Kushi, Michio. Do-In, Ejercicios para el desarrollo físico y espiritual. Ediciones Ibis. Barcelona, 1994.
- Lavier, Jacques A. Medicina china, medicina total. Ediciones Acervo, Barcelona, 1974.
- Granet, Marcel. El pensamiento chino. Ediciones Hispano Americana, México, 1959.
- Needham, Joseph. Science and Civilization in China, Volumen 6, Parte 6. Cambridge University Press, 1986.
- Sánchez, José M. Universo Polar. Las claves del universo para la Era de la Consciencia. Editorial Eyras, Madrid, 1995.
- Sanz, Teresa (Traductora). Su Wen. Huang Di Nei Jing, So Ouenn Primera Parte. Editorial Dilema, Madrid, 2003.