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Nº 17 - Primavera 2009

sdcali

LA DIMENSIÓN SOCIAL
DEL EMPUJE DE MANOS
Una charla con Serge Dreyer

Teresa Rodríguez


S erge Dreyer se define a sí mismo como un competidor nato y lleva la mitad de su vida inmerso en el mundo de las artes marciales. Debido a su labor como investigador del chamanismo chino y sus cultos, se traslada a Taiwán y allí descubre el Taijiquan. En esta práctica encuentra el modo de canalizar su impulso competitivo en el tuishou llamado «duro» o de competición, donde posee una vasta experiencia. Por otro lado, es especialista en lenguaje corporal e investiga sobre la creación de un método de entrenamiento en el empuje de manos que nos permita comunicarnos, disfrutar y expresarnos libremente. Esto implica superar el miedo y las resistencias que se producen corporal y mentalmente durante la práctica.


Serge trabaja como profesor asociado en el Departamento de Literatura y Lenguas extranjeras en la universidad de Tunghai, Taiwán, y podemos decir que da gusto escucharle. Es un hombre alto y fuerte, de maneras exquisitas, que se expresa con calma, firmeza y claridad. La sensación que nos transmite es la de un hombre culto a la vez que humilde, competitivo pero también acogedor, abierto a las experiencias de la vida y las nuevas posibilidades que puedan surgir en sus campos de investigación.


Nos gustaría que nos contara algo sobre su trayectoria. ¿Qué le hizo aproximarse al mundo de las artes marciales?

Antes de tomar contacto con las artes marciales yo era jugador de fútbol semiprofesional en Francia y estudiaba el chamanismo chino y sus cultos en la universidad. A los 24 años tuve que dejar el fútbol debido a una lesión de tobillo y como no estaba muy satisfecho con mis estudios decidí irme a Taiwán para seguir desarrollándolos «en campo».

serge01Una vez allí conocí a un chico americano que practicaba Taijiquan y un día me propuso acompañarle a una clase para que viese lo que hacían. Aquella fue la primera vez que ví practicar la forma y los ejercicios básicos de Taijiquan y me quedé francamente sorprendido e impresionado por la suavidad de los movimientos. Yo, que venía del mundo del fútbol, me di cuenta de que la suavidad era un aspecto que había que alcanzar para ser un profesional de alto nivel y que ese había sido mi punto débil hasta entonces. Así que decidí ponerme a trabajar sobre ello y durante seis meses practiqué con intensidad los ejercicios básicos. Este entrenamiento estaba muy bien pero tengo que confesar que, como yo era un competidor nato, no lo encontraba muy emocionante.

Mi primer profesor, Wang Yen Nian, me enseñó empuje de manos (tuishou) y ahí fue cuando me sentí intensamente motivado por la práctica, porque de nuevo me encontraba con algo competitivo. Practiqué de forma continua durante tres años y después mi profesor me pidió que enseñara en Francia. Por eso en 1979 creé en mi pais una pequeña escuela que mis alumnos mantenían viva cuando tenía que marcharme por motivos laborales a Arabia Saudita o la Unión Soviética.

En 1986 tuve que volver a Taiwán para trabajar con una compañía francesa en el centro del país, donde vivo y trabajo actualmente como profesor de universidad. En esa época me dediqué a aprender Baguazhang y Xingyiquan para entender mejor mi Taijiquan. En 1989 comencé a entrenar a alumnos americanos para la competición de empuje de manos, entre ellos, Lauren Smith. Luego retomé mis propios estudios pero continué viajando a Europa, Estados Unidos y Rusia para impartir talleres.


En 1987 usted creó los Rencontres Jasnières, una reunión internacional anual de reconocidos profesores y practicantes de Taijiquan y otras artes marciales de diferentes estilos que actualmente continúa celebrándose en Jasnières, Francia. ¿Cómo surgió este proyecto? ¿Cuál era su principal objetivo?

Inicialmente estos encuentros nacieron para promocionar sobre todo la práctica del tuishou, porque en aquella época muy poca gente lo practicaba. Otra de las ideas fundamentales era abrir el mundo de las artes marciales internas a las diferentes escuelas para acabar con las rivalidades que siempre había habido entre ellas. Este encuentro anual se concibió también como un espacio de libertad, porque en ese tiempo el Taijiquan se estaba federando, la gente lo utilizaba como un negocio y como resultado de todo eso cada vez había más y más presión política y económica. En ese sentido la actitud de Epi van de Pol me influyó mucho a la hora de poner en marcha esta iniciativa.


 
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