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Nº 6 - Invierno 2005

06AlqLA ALQUIMIA TAOÍSTA

Álex Ferrara


Desde hace miles de años el ser humano ha soñado con ser inmortal. Ante la realidad incontestable y definitiva de la muerte, cada cultura ha encontrado una vía para paliar la angustia que produce ese fin certero. Los sistemas de creencias han dado respuesta al dolor de la pérdida de la salud y de la vida, tanto propia como ajena, por la vía soteriológica, es decir, por el camino de la salvación: uno muere, pero, si ha seguido una vida virtuosa de acuerdo con los preceptos del dogma, puede volver a vivir en un ámbito mucho mejor que la tierra, sea éste el Paraíso judeo-cristiano, el Nirvana como lo conciben ciertas escuelas budistas, o lo Absoluto impersonal del hinduísmo, por citar algunas posibilidades. Ninguna de ellas vence a la muerte en esta tierra pero hay una instancia de vida eterna posterior.

En otras culturas, como la china, en la que por naturaleza la filosofía y la ciencia han tenido más asidero que la religión, el hombre ─igualmente afligido por la contundencia de su propio fin─ ha buscado otra solución que desafía la fisiología humana desarrollando complejas técnicas de regeneración de las células y de control de la propia energía con el único propósito de vencer a la muerte y disfrutar de la vida eterna, en esta tierra y con este cuerpo. Hoy en día, con el progreso de la ingeniería genética y los adelantos de la clonación, no parece un objetivo tan absurdo, pero estamos hablando de procedimientos nacidos hace más de dos mil quinientos años.

01CentroPor una parte se desarrolló una alquimia física o exterior, wai-tan, que mediante el uso de fórmulas químicas dio lugar a no pocas muertes por intoxicación, entre ellas la del famoso primer emperador chino, Chin Hsi Huang Ti, en el año 206 a.c. Se usaban combinaciones de hierbas con jade molido, plomo y cinabrio,  o su variante reducida, el mercurio, y otros elementos cuyas propiedades mágicas supuestamente otorgarían la vida eterna. Hay un sinfín de textos que enumeran pociones otorgadoras de inmortalidad, como la Escritura de la Espada, de T´ao Hung-Ching (456-536) que cita elixires alquímicos como la eflorescencia de Lang-kan 11) El Lang-kan en algunos textos es descrito como una forma de coral, originalmente encontrada en las sagradas montañas de Kun-Lun, y era uno de los componentes enigmáticos de dicha montaña cósmica, pero en otro texto (Chen-Kao, Declaraciones del Perfecto) se lo describe así: “Su Señoría dijo: Entre las fórmulas de la inmortalidad está el Elixir de la Eflorescencia de Lang-kan. Cuando se lo consume se transforma en un dragón volador.” La muerte que producía también está descrita y es evidente que el adepto que ingería estas pociones lo hacía en un estado de profunda fe en que su cuerpo desaparecería de manera mágica para acudir al encuentro de otros inmortales taoístas en alguna de las islas que la hagiografía taoísta puebla de tales seres. -, el polvo de oro licuado, el feto de dragón, la esencia de jade, el elixir de oro o los "nueve ciclados".

Pero los textos más difundidos al respecto pertenecen a los capítulos interiores del Pao-p´u-tzu , escritos alrededor del año 320 por Ko Hung. En ellos se describe con bastante detalle la preparación del elixir de oro y del oro licuado. Michel Strickman sostiene que “a mediados del siglo IV estos dos elixires debieron ser muy conocidos entre los buscadores de la inmortalidad al sur del Yangtze, en los dominios de los Chin Orientales.”22) Strickman, Michel, On the Alchemy of T´ao Hung-Ching, pág 135, dentro de Facets of Taoism: Essays in Chinese Religion, edición de Holmes Welch y Anna Seidel, Yale University Press, 1979. -

Por otra parte, ese proceso de transmutación física de un elemento burdo en otro más sutil dio lugar a la rama metafísica de la alquimia o nei-tan. Tanto el camino interior de transmutación del qi o aliento vital como el de la ingesta de minerales varios, unidos históricamente a la ideología taoísta, se conocen el nombre genérico de “alquimia taoísta”.

Muchos de los textos, frecuentemente esotéricos, que explican el modo de llegar a ese elixir de la inmortalidad se han perdido y sólo quedan menciones en obras que aluden a ellos. Joseph Needham, en su impresionante obra Science and Civilization in China 33) Needham, Joseph, Science and Civilization in China (8 volúmenes), Cambridge University Press, 1945-1965. -, estudia algunos, pero otros, ignotos para occidente hasta hace muy pocos años, se conservaron sueltos, en ediciones muy posteriores a sus fechas de creación, o bien dentro del gigantesco corpus de obras taoístas llamado Canon Taoísta (Tao Tsang).

La permanente y minuciosa labor de un puñado de sinólogos contemporáneos ha permitido la traducción al inglés y al francés de algunos de estos tratados alquímicos y su consecuente publicación en revistas especializadas en sinología y en libros subvencionados en su mayoría por grandes universidades.


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