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Nº 2 - Invierno 2004

LAO-TZU Y EL T´AI-CHI CH´UAN

Álex Ferrara

laocali


El pequeño gran texto de 5.200 ideogramas que hoy llamamos Tao Te Ching y que se atribuye al filósofo Lao-tzu (Lao Zi, o Lao Tse), se conocía ya tres siglos antes de Cristo como “el Lao-tzu”, que entre otras cosas significa “El viejo maestro” o “El maestro niño”. A mediados del siglo II a.C. el emperador Ching, fascinado por el contenido del libro, lo eleva por decreto imperial a la categoría de ching, es decir de “clásico”, honor al que sólo accedían ciertas obras que aportaban un conocimiento esencial para el desarrollo del imperio. Así, desde varios siglos antes, gozaban de esa distinción los Cinco Clásicos (Wu Ching) de la escuela confuciana; a saber: I-Ching (Clásico de las Mutaciones), Li Chi (Clásico del Ritual), Shih Ching (Clásico de la Poesía),  Shu Ching (Clásico de la Historia) y Lu Shih Ch´un Ch´iou (Anales de la Primavera y el Otoño). De esta manera, a partir del siglo II a.C., el Lao-tzu comienza a ser venerado no sólo como libro filosófico sino como texto sagrado. Oficialmente, no recibe el nombre de Tao Te Ching (Clásico del Tao y el Te) hasta el 741 d.C. cuando el emperador Hsüan Tsung, de la dinastía T´ang, seguidor de las doctrinas taoístas, después de escribir un comentario sobre las dos partes de la obra (capítulos sobre el Tao y capítulos sobre el Te), lo denomina de esa nueva manera.

Es mucho lo que se ha discutido sobre la existencia de su autor y sobre la datación de la obra. Lo que sabemos a ciencia cierta es que es anterior al siglo III a.C., ya que hay muchas referencias escritas en otros libros y documentos de esa época que lo citan como una obra antigua. Debido a su forma, por momentos aparentemente críptica pero de fácil memorización por la cadencia de sus sonidos, la repetición de palabras y las construcciones paralelas, el Lao-tzu estaba en la mente de muchos ya en la antigüedad. Esto siguió siendo así por los siglos de los siglos, y el contenido del Tao Te Ching fue inundando diversos aspectos de la vida china: desde un modo particular de estar en el mundo y organizar el estado, relacionarse con el prójimo y con el universo de los fenómenos hasta aplicaciones más recientes y concretas.

El Tao Te Ching ofrece una visión micro y macrocósmica a partir de la misma esencia del término “Tao”. En la obra, el Tao es a la vez un concepto inmanente y trascendente, que está simultáneamente dentro y fuera de nosotros. Es un aquí y ahora y es el proceso, la vía, el camino, la senda por la que transitamos para llegar hasta el final de nuestros días en armonía con el resto del mundo de lo múltiple, con “los diez mil seres” (wan wu). Imposible de definir por lo que es, Lao-tzu prefiere describirlo por la vía negativa (también llamada la vía apofática), que es el lenguaje de los místicos. Es decir, diciendo lo que no es:

Lo que se mira pero no se ve se llama lo suave.
Lo que se escucha pero no se oye se llama lo imperceptible.
Lo que se arrebata pero no puede asirse se llama lo diminuto.
Estos tres no pueden comprenderse, por lo tanto se funden en uno.

En lo que atañe al Uno, que se eleve no es la luz,
Que descienda no es la oscuridad.
Incesante, innombrable,
Una vez más vuelve a la nada.
Por lo tanto se lo llama la forma sin forma,
La imagen de la nada.
Por lo tanto se dice que es ilusorio y evasivo.

Acercándosele, no se le ve la cabeza,
Siguiéndolo por detrás, no se le ve el trasero.
(extracto del capítulo 14)


 
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