Artículos Todos los artículos (Lista) A LA MENTE EN CALMA... Una conversación con William C.C. Chen
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Nº 1 - Otoño 2004

“A la mente en calma,
el universo entero se rinde”
wchencali

(Lie Tse)

Una conversación
con
William C. C. Chen

Luis Soldevila


William C. C. Chen es una figura emblemática del Tai Chi Chuan del siglo XX y principios del XXI. Discípulo de Cheng Man-Ching desde su adolescencia en Taiwan a principios de los años cincuenta, fue uno de sus alumnos más brillantes y uno de los divulgadores de este arte en los Estados Unidos a mediados de los sesenta. Luchador consumado, pedagogo e investigador de la mecánica corporal del Tai Chi Chuan , actualmente dedica su tiempo a su enseñanza y al entrenamiento de luchadores, en especial de sus hijos. A mediados de junio impartió un seminario en Benalmádena, al que acudimos para conocer su enseñanza y hablar con él de su vida, de Tai Chi, y de su pasión, el combate.


Al entrar en la sala donde se va a celebrar el seminario, William Chen casi pasa desapercibido, y sin embargo al instante se ve en él la luminosidad de aquellos que tienen un poderoso shen. Es un anciano delgado de ojos brillantes y gestos suaves y pausados que saluda a todos los que se le acercan con sencilla afabilidad y una amplia sonrisa. Wchen09Al verlo cuesta creer que sea el mismo que en 1986 fue calificado por la revista estadounidense Black Belt como "el Barnum11) Phineas Taylor Barnum (1810-1891), famoso showman y empresario de circo estadounidense.- de la pelea". Robert W. Smith, en su ya clásica obra Boxeo Chino: Maestros y métodos22) Robert W. Smith. Chinese Boxing: Masters and Methods. North Atlantic Books, Berkeley, 1974-1990- , decía de él: "Es un hombre que engaña. Sosegado, fino y discreto, da la impresión de ser un erudito o un estudioso del Libro de las Mutaciones, jamás un boxeador. Pero ciertamente lo es". Aunque poco más adelante afirma que "es un ejemplo viviente de la idea de que la humildad es el profundo arte del alma de relajarse por completo".

Cuando se inicia la primera sesión de trabajo y Chen empieza a exponer la base de su enseñanza, la "mecánica de los tres tornillos" (ver anexo), salpica sus explicaciones con ejemplos cercanos a cualquier occidental y demostraciones en las que impulsa todo su cuerpo progresivamente desde los pies hasta las puntas de los dedos como si fuera un autómata. Acompaña sus gestos con suaves exclamaciones mientras cada "vuelta de tuerca" de su pie atrasado hace que su cuerpo se expanda como si le inyectaran aire con un fuelle.

Al entrar en la ejecución de la forma, compara la alternancia de yin y yang con las sensaciones de quedarse dormido y despertar. Rítmicamente, todo su cuerpo se distiende y de repente cobra vida. No deja de insistir en la importancia de conseguir la relajación más profunda a lo largo de toda la forma. Y el contacto físico con él es sorprendente. Su cuerpo parece no tener huesos, al empujarle no encuentras nada. Sin embargo en un parpadeo ha entrado como un rayo dentro de tu espacio y, a pesar de su presencia tranquila y su sonrisa traviesa, es inquietante pensar lo que podría haber hecho. Cuando explica la fuerza de peng, advierte que es un error común intentar aplicarla en una dirección concreta. En realidad se debe producir una expansión del cuerpo en todas las direcciones, y lo demuestra con un juego en el que un simple gesto de sorpresa te proyecta varios pasos trastabillando. A lo largo del seminario queda patente que William Chen disfruta enormemente enseñando, y que sus herramientas favoritas son los símiles cercanos y el sentido del humor.

William Chi Cheng Chen nació en la provincia de Chekiang, en China continental, en 1935. Poco después del fin de la II Guerra Mundial su familia emigró a Taiwan, donde pasó su adolescencia inmerso en novelas y películas de artes marciales, soñando con aprender algún día de un gran maestro. En una ocasión su padre le llevó a visitar a un viejo amigo, el profesor Cheng Man-Ching, que entonces ya era uno de los maestros de Tai Chi Chuan más famosos de Taiwan, y poco después se convertía en el más joven de sus alumnos. En aquellos primeros meses descubre la relajación del cuerpo y de la mente, la sensación del fluir de la energía interior, y se entrega con pasión a la práctica de este arte marcial.


 
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