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Morir de éxito

Mi impresión es que la inmensa mayoría de los profesores considera que el TCC disfruta de un éxito sin precedentes y que, en todo caso, tendríamos que disponernos a administrar tal éxito lo mejor posible. Y la razón de este éxito es precisamente su ambigüedad –sin utilizar este término peyorativo-: “porque el taichi es igualmente un deporte que un camino espiritual, una afición folclórica que un sistema terapéutico, una alquimia que un sistema defensa personal; porque se adapta igualmente bien a todo tipo de demandas y expectativas de cualquier edad y condición, por eso es por lo que triunfa”. Luego lo que debemos hacer es mantenerlo así (y en eso parecen coincidir las respuestas de los artículos: el “no, gracias” de Vilà, el “tratemos de seguir como hasta ahora” de Bernadó o el “busquemos lo que nos une salvando las distancias” que parece indicar Gutiérrez).

Mi impresión, en cambio, es que el TCC se diluye tanto que está a punto de morir de éxito, ya que es evidente que nuestro “triunfo” no se debe a un proceso de madurez interna, sino a haber sido adoptados por nuestra sociedad para cubrir una de sus demandas, la que surge de la necesidad de un ejercicio suave en una atmósfera que combina exotismo con promesas de “armonía de cuerpo y mente”. Para mantenernos ahí, es claro que no son necesarios unos claros perfiles: ni de especialista en artes marciales, ni de yogui, ni de atleta. Lo que hace falta es precisamente ofrecer la justa combinación de todo ello, dejando en manos del consumidor el acento que más le interese.

Hace años apenas había algún practicante marcial que se interesase por el taichi. Pero, en vista de la demanda ascendente frente a la competencia entre los deportes marciales, muchos aficionados a éstos se reciclaron y convirtieron en los nuevos maestros de taichi. Que hoy se proponga como un deporte más, “adaptado mejor a los mayores y quizá a ciertas sensibilidades femeninas” es lo siguiente. Después, basta instalarse en las instituciones deportivas pertinentes y tratar de monopolizar el sector. ¿Dónde queda el arte, la búsqueda interior o los aspectos curativos? Pamplinas. O algo mejor: son los elementos decorativos que utilizaremos adecuadamente para vender nuestro producto a los cándidos que demanden un poco de incienso.

Como podemos comprobar, los que de forma deliberada se han instalado en algún marco de poder, nos llaman desde allí con palo o con zanahoria. Así, cualquier regulación resultará monopolizadora e impuesta desde arriba.


Oportunismo ingenuo

Hay por fin una posición que podríamos calificar de oportunismo ingenuo, en la que todos participamos en alguna medida cuando nos agarramos al “mientras funcione”. Y muchas reacciones al “que viene el lobo” de las pretendidas regulaciones surgen de aquí. Su expresión más vergonzante consiste en no considerarnos ciudadanos normales a la hora de pagar impuestos, o de mantener cierta honestidad profesional con respecto a otros colegas.

El "mientras funcione" nos pone a salvo de las tareas de investigación y trabajo personal que deberíamos encarar para responder, entre otras, a las preguntas sobre nuestro tiempo y función. Desde ahí caben planteamientos resumidos en un “todo vale”: “Habrá quien defienda una visión más tradicional del arte y quien se incline por un enfoque más evolucionado... los que necesitan un maestro y los que no encuentren sentido a esta figura hoy en día…”. ¿Qué hacer con los diferentes estilos, enfoques o escuelas?: “…una formación de profesores muy abierta, sin señalar ni establecer un camino fijo y predeterminado, sin 'linaje', sino animando a cada nuevo profesor a buscar, probar y elegir la dirección que desee” (Gutiérrez). Quien se atreve a decir esto en voz alta se sitúa por encima de todos, otorgando de paso a los interesados la coartada perfecta para ser los únicos árbitros de sus acciones o decisiones.

Pero lo cierto es que si todo esto funciona, no es porque el taichi se haya situado por encima del sectarismo y las particularidades que atraviesan al resto de las disciplinas o actividades humanas. Funciona porque, en general, nos conformamos con la legitimidad que viene desde el exterior.


Perspectivas

La ambigüedad y el oportunismo son las peores amenazas contra un uso constructivo de las herramientas que cultivamos. Y un cuestionamiento y redefinición de nuestra aportación al ejercicio físico, el contacto marcial, la salud/enfermedad o lo religioso, son la condición para que seamos algo más que hoja al viento de modas y mercado. De estos cuestionamientos y sinceras búsquedas se deducirán diversos enfoques, establecimiento de límites, lenguajes y estrategias de trabajo y comunicación. Las posibles sintonías vendrán después. spirito


Juan Gorostidi
es fundador y director de Tai Chi Chuan Eskola de San Sebastián.
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NOTAS

1) J. Gorostidi, Hacia una nueva legitimidad, TCC nº 4, 2005; J. Gutiérrez, Hacia la regulación, TCC nº 11, 2007; G. Bernadó, Definir el espacio que ocupamos, TCC nº 13, 2007; y J. Vilà, ¿Regulación Profesional del Taijiquan? No, gracias…, TCC nº 14, 2008.


 
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