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Nº 15 - Primavera 2008

ESTAMOS DONDE ESTÁBAMOS
(Sobre legitimidad y regulación)

Juan Gorostidi


Soy profesional  del Tai Chi Chuan desde 1986. Como tal, he asistido a los movimientos que vienen asociados a cualquier actividad comercial. “Ofertas” que se desarrollan exclusivamente en el ámbito de la lucha por el control del mercado, aunque su lenguaje trata de encubrirlo refiriéndose a la “excelencia profesional” o la “fidelidad a la tradición”, eufemismos que los hechos desmienten (títulos que se regalan, franquicias, etc.).


He participado en los intentos por parte de algunas asociaciones o escuelas de crear ámbitos de comunicación y coordinación en los últimos años. Reflejo de ellos, son los artículos publicados aquí1 1) Hacia una nueva legitimidad, J. Gorostidi, TCC nº 4, 2005; Hacia la Regulación de J. Gutiérrez, TCC nº 11, 2007; G. Bernadó, Definir el Espacio que ocupamos, TCC nº 13, 2007; y J. Vilà, ¿Regulación Profesional del Taijiquan? No, gracias…, TCC nº 14, 2008. - . El primero no hablaba de regulación sino de “hacernos cargo de nuestra propia herencia”. Ya que “la reflexión sobre el lugar que podemos o debemos ocupar en nuestro entorno resulta imprescindible” para tratar de responder a la pregunta de qué necesita ser legitimado.
Sin embargo, los siguientes, dando por sentada la cuestión de la legitimidad, se han centrado en el tema de la regulación. Pero poco avanzaremos sin responder a la pregunta anterior.


Cambio de tono

Me gusta el cambio de tono del artículo de Vilà, pues puede permitir superar esa consideración reverencial hacia todo lo que se mueve en nuestro ámbito encubriendo falta de claridad. Habla de “las mismas entelequias” que de costumbre, de “una premisa completamente falaz”, o de que “muchos profesores se llenen la boca con palabras como tradición, enseñanza genuina, linaje, etc.”. Un tono valiente que le hace sentirse “incapaz de definir el espacio que ocupamos”, pero que señala algunos de los aspectos de nuestra realidad que pueden ayudar a poner claridad.

Entre ellos hay dos significativos secretos a voces: el que se refiere a los aspectos fiscales y de desleal competencia profesional; y el hecho de que no es la administración la que ha pretendido ninguna regulación, sino que su demanda ha surgido de otro sitio: “siempre son representantes de nuestro colectivo los que piden regulación a los estamentos oficiales”.

Tanto Bernadó como Gutiérrez parten de que “tarde o temprano parece que nos obligarán a una cierta regulación profesional”, pero es inevitable percibir enormes espacios ambiguos, sin la mínima definición en las consideraciones de ambos,  y que hacen responder “No, gracias” a Vilà, con la simple formulación de una serie de cuestiones fundamentales que nadie parece interesado en plantear ni responder.


Fuera del tiempo

Encarando esos enormes espacios de ambigüedad, una de las cosas que más me sorprende en la forma en que el TCC es presentado, es su naturaleza atemporal. Hablamos del él como algo con una raíz y un tronco común, inalterado e inalterable en el tiempo. Pero basta mirar cien años atrás para que debamos reconocer alteraciones fundamentales e irreversibles en su función y sentido. No hay duda de que hace apenas cien años, el taichi prosperó en la China convulsionada por la decadencia de su última dinastía y la presión colonialista por sus prerrogativas marciales. Se extendió por la fama, más o menos mitificada, de eficacia o invulnerabilidad de algunos de sus representantes. Como era habitual entonces, algunos de estos especialistas se convertirían en sanadores si conseguían llegar a viejos. Con la revolución maoísta, el taichi se transformó en gimnasia de masas tras unas decisiones políticas tomadas por aquél régimen.

Lo cierto es que ni las prerrogativas marciales, ni aquellos sanadores, ni el contexto social en que se hicieron populares, ni el maoísmo son referentes operativos para nosotros –ni siquiera lo son el la China del siglo XXI. Y sin embargo, seguimos considerando unos fenómenos de aquellos tiempos como si fuesen aplicables sin más a los nuestros. Tanto la administración de lo marcial como de lo saludable se realizan entre nosotros desde estamentos con su propia legitimidad, completamente ajena a lo que nosotros hacemos del TCC. En cuanto al ejercicio físico, éste se ha visto engullido por la creación de una institución contemporánea llamada deporte, que obedece tanto a la necesidad de movilizar unas sociedades opulentas, como a otros factores de índole económico, ideológico y político inconcebibles unas generaciones atrás.

¿Cuál ha sido la reflexión y la respuesta de los profesionales del TCC ante estos cambios? Creo que, sencillamente, no se han planteado seriamente, bien porque nos desbordaban, bien porque las cosas nos parecían ir bien tal como iban.


 
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