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Nº 1 - Otoño 2004

HABLEMOS DE TAOÍSMO

Álex Ferrara


Hablar de taoísmo es meterse siempre en camisa de once varas; como intentar cazar un dragón con una red para mariposas. Pero esto no se debe a que los filósofos más primitivos hayan desarrollado un sistema de pensamiento imposible de comprender.

Porque Lao-tzu puede ser críptico y misterioso, su obra será capaz de llevar sobre las espaldas muchas interpretaciones, pero con la dedicación necesaria se capta su mensaje.

Para acceder a Chuang-tzu es conveniente haber trabado amistad previa con su predecesor. Luego hace falta solamente una dosis suficiente de locura y osadía, con un invencible anhelo por la libertad y algo de gimnasia para desarrollar un capullo que nos permita metamorfosearnos. En esta etapa del proceso ya estaremos preparados para hacer ayunar a nuestro corazón y entrar en un viaje de ascenso, sin retorno.

Lieh-tzu, por siempre el tercero de los fundadores del sistema de pensamiento que nos ocupa, nos enseña a volar sobre el viento pero después nos devuelve a la tierra, haciéndonos circular por caminos más livianos que los propuestos por sus maestros. Al llegar a él se tiene la sensación de estar transitando entre amigos por un paisaje conocido. La suya es la última gran obra del taoísmo primitivo, ése donde la cosmogonía, la metafísica, la antropología, la ética y la política se funden y entrelazan de mil maneras, para el goce fecundo de los lectores de todas las épocas y de todas las culturas.

Iniciado ya el siglo XXI, no podemos llamar taoísmo sólo a lo que por miles de años los chinos denominaron “Tao Chia”, “Escuela del Tao”1 1) (1) El término “Tao Chia” aparentemente fue acuñado por el historiador Ssu-Ma Tan (muerto en el 110 a.C.). En los Anales Históricos (Hsi Chi), el padre de la historia china lo define así: “El Tao Chia permite que los hombres se concentren en su esencia y espíritu generadores, que se muevan en armonía con lo Sin Forma, y provean abundantemente a los diez mil seres. En cuanto a sus técnicas, se adecúa con el gran yin y el gran yang; toma lo mejor de las escuelas de Mo Ti y de Confucio, elige lo esencial de las escuelas nominalista y legalista. Los taoístas cambian con el tiempo y responden a las transformaciones de las cosas y los seres. Han establecido el principio de la simplicidad para manejar los asuntos. No hay situación a la que no se adapten. Señalan que la frugalidad facilita las cosas, y que cuando no se hace nada, es mucho lo que se logra". -, porque a partir del año 142 de nuestra era, por tradición, esos textos antiguos que forjaron un modo de vida muy particular (el Tao Te Ching, el Chuang-tzu y el Lieh-tzu básicamente) se convirtieron en los textos sagrados de una vía devocional: el Tao Chiao o religión del Tao. Y todo a partir de la epifanía de un hombre: las revelaciones del monje Chang Tao-Ling dieron nacimiento, en sólo una generación, a una nueva fe vernácula que incluyó no sólo esos materiales antiguos sino un nutrido panteón de dioses e inmortales, un clero organizado, una estructura religiosa compleja y una interminable incorporación de textos de las más diversas proveniencias y temáticas que más tarde se denominó Tao Tsang, o canon taoísta, siguiendo la estructura del canon budista pali y del canon budista sánscrito.

El Tao Tsang comprende 1487 títulos, divididos en tres secciones llamadas Tres Cavernas (San-Tung) y éstas, a su vez, en varias categorías. La historia de sus ediciones, agregados y cambios es un relato en sí mismo y escapa los alcances de este primer acercamiento, pero cabe mencionar que en él hay obras de meditación, alquimia, revelaciones mágicas, agronomía, adivinación, geografía, filosofía, religión, sericultura, farmacología, medicina, etc.

Como afirma Yao–Yü Wu2 2) Yao-Yü Wu, The Taoist Tradition in Chinese Thought, Ethnographics Press, USA, 1991, pág. 3. -: “El taoísmo formaba parte de cada una [de las Tres Cavernas] sin excepción, en mayor o menor grado. Sin lugar a dudas puede afirmarse que, verticalmente, el taoísmo conectó todas las épocas y, horizontalmente, abrazó las Cien Escuelas, es decir todo lo conocido como artes y ciencias pre-modernas”. De tal modo que trascendió lo filosófico para convertirse en un modo de encarar la vida.

Una buena parte de la literatura china es literatura taoísta y el panorama aquí no es más simple que el de la filosofía primitiva. Stephen Bokenkamp3 3) Stephen Bokenkamp, Taoist Literature, Part 1: Through the T´ang Dynasty, uno de los estudios preliminares del gran compendio de literatura china: The Indiana Companion to Traditional Chinese Literature, editado por William Nienhauser, Jr., U.S.A., 1986. - afirma que “la misma diversidad de escritos taoístas y de entidades sociales que los produjeron ha llevado a una controversia sin resolver aún con respecto a la definición exacta de taoísmo”.


 
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