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Nº 4 - Verano 2005

caliADAPTAR LA ENSEÑANZA

Antonio Leyva


C ada día podemos ver cómo aumenta el número de centros, gimnasios, parques y escuelas donde se practica Tai Chi Chuan. Poco a poco, va llegando a todos los interesados en aprenderlo. Con esta proliferación de ofertas y, sobre todo, con la enorme variedad de practicantes potenciales, aparecen nuevas visiones del arte enfocadas a una parcela concreta del conocimiento que engloba el Tai Chi Chuan, como puede ser la salud, la espiritualidad, el simple ejercicio físico, el deporte, la defensa personal, etc.


El entrenamiento en el pasado

Al igual que la mayoría de las artes marciales y otras disciplinas como el Chikung, la meditación o la caligrafía, el Tai Chi Chuan (TCC) se transmitía originalmente en círculos cerrados y de forma muy personalizada. Se creaba así un fuerte vínculo entre maestro y alumno. El maestro sometía a su alumno a un periodo de prueba que podía durar años, sin que se tuviese la garantía de poder superarlo. Después de este tiempo, cuando el maestro decidía que su alumno era digno de recibir su enseñanza, entonces, y sólo entonces, comenzaba a explicarle todos los elementos y detalles del arte.

Al resto de los estudiantes se les enseñaba una práctica centrada en las bases, que establecía los cimientos para lo que quizás viniese después. En el mejor de los casos el maestro transmitía una pequeña selección de conocimientos, dirigidos a solventar las necesidades concretas que tuviera cada alumno en función de sus características. Así, a lo largo de la historia, muchos maestros de TCC ayudaron a mejorar la salud de sus alumnos. Otros se dedicaron a la instrucción de las tropas en técnicas de combate con y sin armas.

Los maestros diseñaron entrenamientos específicos en función de sus alumnos1 1) José Carmona Kremser, El Taiji Quan del Shenji Ying. Revista TAI CHI CHUAN, Nº 3, Pág. 38. -, obviando partes que no resultaban de utilidad para ciertos grupos. Por ejemplo, en el caso de los soldados, es improbable que necesitasen conocer completamente el programa técnico del estilo, y que además les resultase práctico al cien por cien. Del mismo modo, en la vida castrense era difícil que la salud se viera afectada por las consecuencias del sedentarismo. Así pues, los estudios sobre cómo mitigar este tipo dolencias carecerían de valor para ellos. Sin embargo, atesorarían los conocimientos sobre estrategia militar, técnicas marciales, manejo de armas, medicina aplicada a las lesiones producidas durante el adiestramiento, y Waidan Chikung para fortalecer el cuerpo.

adapt2Para alguien que llevase un tipo de vida sedentaria, es posible que la parte del estilo que se dedica a la salud fuese enfocada a paliar las dolencias características del sedentarismo, y no tanto hacia cómo tratar una fractura o curar moretones.

Los alumnos de corte más intelectual, que tenían sobrada cultura para realizar una aproximación a los fundamentos teóricos del arte, seguramente necesitarían adquirir conocimientos adicionales sobre filosofía, medicina, anatomía, etc., en función de su particular acercamiento. Para ellos, es posible que ciertos conocimientos enfocados a la supervivencia durante las batallas les resultasen innecesarios, aunque tal vez sí les fuese útil desarrollar habilidades que les permitiesen sobrevivir a un duelo.

La historia recoge cómo, en tiempos de Yang Luchan, existían alumnos ilustrados que pertenecían a la nobleza, y también estudiantes que procedían de la élite marcial de su tiempo. Sin embargo, hay un detalle que se nos escapa. De los numerosos alumnos que tuvieron tanto Yang Luchan como sus hijos, sólo unos pocos han pasado a la historia como herederos del estilo o de sus ramificaciones, o como fundadores de nuevos estilos.

La diferencia entre estos herederos y los numerosos letrados y soldados que aprendieron con la familia Yang, es que los primeros adquirieron el estatus de transmisores, una labor más ardua y compleja tanto en la fase de formación como de maduración del arte; y los segundos, es muy posible que se contentasen con el entrenamiento específico que recibieron, o que no les fuese permitido optar a más conocimiento.



Antiguamente, cuando alguien recibía instrucción especializada, ésta se prolongaba durante un tiempo que, por lo general, no excedía de unos cuantos años. Sin embargo un heredero dedicaba su vida a profundizar en el estilo. Tal como muestra la historia, dicho estudio se prolongaba hasta el final de sus días, con cotas de esfuerzo y sufrimiento difícilmente aceptables hoy en día. Sin embargo no debió ser infrecuente que ciertos “especialistas” superasen en su campo a los “herederos”, que, aún conociendo el sistema completo, tenían que diversificar más sus esfuerzos.

Un ejemplo lo tenemos en la familia Chen, un clan predominantemente guerrero. Sin embargo, Chen Xin (1849-1929) se inclinó desde niño hacia las letras, y aun no habiendo destacado por sus habilidades marciales, escribió posiblemente el tratado más completo que existe sobre el estilo Chen, algo que quizá no habría estado al alcance de un genio práctico como Chen Fake.


La enseñanza en nuestros días

Si la especialización estaba indicada para los practicantes de los siglos XVIII, XIX, y XX, con mucha más razón lo está hoy en día. No se dispone apenas de tiempo para entrenar, lo que obliga a elegir, y cada persona está sometida a circunstancias muy diferentes en cuanto a su estado físico, actividad e intereses. Puesto que el Tai Chi Chuan es un arte a largo plazo, es interesante centrarse en el tipo de logros que uno busca y desechar el resto.

Ahora bien, especializarse no significa adulterar el arte, ni tampoco descafeinarlo. Al igual que Chen Xin mejoró a través de sus escritos el conocimiento que le fue transmitido, todo aquel que se especialice debería perseguir la excelencia en su parcela. Se parte con la ventaja de obtener en un periodo de tiempo razonable los beneficios ya consolidados del estilo, y se dispone de tiempo para mejorarlos o aumentarlos. Por otro lado, los herederos de estilo podrían aprovechar mejor los progresos que alcanzan tales especialistas para desarrollar aún más su arte.


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Quien haya leído hasta aquí podría pensar que el estudio de una faceta es mucho más recomendable que el aprendizaje de un estilo completo. Esto quizás sea cierto respecto a la práctica personal, pero no así en el caso de la enseñanza. La transmisión de un estilo nunca debería venir de la mano de un especialista, dado que a su interpretación le faltará visión de conjunto. Podrá mostrar los aspectos que conoce, pero difícilmente corregirá en un alumno errores que, aun afectando a su parcela, tengan origen en otra.

Por ejemplo puede ocurrir que, si un experto en aplicaciones marciales desconoce el resto del estilo, no sea capaz de corregir a un alumno cuyo fallo venga de una respiración incorrecta. Aunque el experto sepa cuál es el problema, si él mismo no lo ha sufrido, carecerá de las herramientas para solucionarlo. Un experto en meditación que desconozca el aspecto marcial, carecerá de una herramienta fundamental para fortalecer el ánimo de un alumno inconstante, tímido o pusilánime, etc. Sin embargo, quien conoce las sutilezas del arte completo, podrá ayudar incluso a los alumnos que tengan problemas diferentes a los que él vivió durante su aprendizaje, pues contará con las herramientas necesarias para hacerlo.


El error de la enseñanza actual

Hoy por hoy, nos encontramos con dos tipos de errores que, por lo general, se agravan por darse conjuntamente. Por un lado, nos sometemos a un entrenamiento global, donde todo el mundo quiere saberlo todo. Así, un alumno sin especial dedicación podrá conocer todas las formas de su estilo, y también múltiples sistemas de Chikung que llevan implícitos objetivos que no persigue ni de lejos. Es decir, intentará abarcar algo que no es posible conseguir sin una dedicación plena.

El segundo problema es que se descuida de forma dramática el entrenamiento básico, de manera que la práctica carece de cimientos que la consoliden. Esto constituye una lamentable pérdida de tiempo para el practicante, que, a pesar de sus esfuerzos, alcanza habilidades y logros muy limitados. Y aún es peor para el arte, que gradualmente va perdiendo calidad y profundidad, pues son pocos los que intentan escapar a esta tónica generalizada.

Muchos maestros no son ajenos a este tipo de formación incorrecta, cuyo método de enseñanza es poco adaptable. Intentan a toda costa pasar la totalidad de su conocimiento a todos sus alumnos, con la esperanza puesta en que alguno de ellos sea capaz de tomar el testigo y continuar con la tarea de transmisión. Probablemente este compromiso debe seguir recayendo en unos pocos elegidos, tanto para lo bueno como para lo malo, disfrutando el resto de nosotros simplemente de las ventajas y no de sus complicaciones.



Nuevas visiones del Tai Chi Chuan

Tai Chi Chikung, Tai Chi olímpico, Tai Chi marcial, Tai Chi para ancianos, Tai Chi para niños.... Los expertos de nuestros días crean nuevas especializaciones atendiendo a la demanda de una sociedad en constante cambio, donde surgen nuevas necesidades. Sin olvidar que el arte debería mantenerse lo más íntegro posible, tenemos que animar a quienes se vean capacitados para desarrollar estas especialidades. Hoy en día contamos con una serie de progresos en el campo de la medicina, la educación física, la psicología, etc., que antaño no existían y que ahora pueden ser utilizados.

Por ejemplo, si tomamos el trabajo de Chikung incluido en el Tai Chi Chuan, crearemos una selección de técnicas dirigidas a públicos muy determinados y con necesidades distintas. La práctica de Chikung orientada a los ancianos tendría como objetivo, sobre todo, paliar síntomas de enfermedades ya adquiridas y alcanzar la mejor calidad de vida posible. Para un grupo de mujeres que entran en la menopausia habría que centrarse en métodos que eviten la osteoporosis y que fortalezcan el sistema endocrino y hormonal. En un grupo de deportistas, programaremos ejercicios que incrementen su potencial físico.


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Si contemplamos el trabajo marcial, la enseñanza de un ciudadano normal, que busca una cierta capacidad en defensa personal; será diferente que la de un soldado, que precisa técnicas más ofensivas; o un trabajador social, que además de pensar en su seguridad debe utilizar elementos para "calmar y mantener la calma" en situaciones tensas; o una persona con minusvalías, un competidor en torneos reglamentados, etc.

Dentro de lo que ofrece el bagaje marcial del Tai Chi Chuan, unos buscarán soluciones efectivas pero simples, que les garanticen un cierto margen de seguridad sin salirse de la legalidad; otros, unas pocas técnicas de elevada contundencia, en las que prime la eficacia por encima de todo; otros deberán desarrollar su capacidad de neutralización; otros se centrarán en aquello que a pesar de sus limitaciones pueden realizar con corrección; y los deportistas se ejercitarán exclusivamente en aquellas técnicas que permitan las reglas y, entre ellas, desarrollarán las que les resulten más prácticas para obtener buenos resultados.

Si contemplamos el aspecto socializador del TCC, nuevamente tendremos que adaptar la práctica. Un grupo homogéneo en edades e intereses se lleva de una manera, un grupo heterogéneo de otra. Las personas con exceso de tiempo libre, como nuestros mayores y algunas amas de casa, necesitan un tipo de enfoque diferente del que daríamos a un grupo de chavales en un colegio, a un grupo de ejecutivos estresados, o a un grupo de jóvenes inadaptados con problemas de integración. Para esto, creo que la psicología tiene mucho que aportar.

Finalmente nos queda un grupo de practicantes muy específico, aquellos que se quieren dedicar al arte completo y por completo, que disponen de las suficientes ganas, tiempo y recursos. Para ellos, la cosa es simple; entrenamiento tradicional, comer amargo y olvidarse de cualquier facilidad o adaptación.


Degeneración del arte

Toda labor de especialización supone una pérdida de conocimiento global. Si del total elegimos tan sólo una cuarta parte y lo transmitimos, lo que obtiene el alumno es algo muy reducido. Si esa persona efectúa el mismo proceso, en unas pocas generaciones, lo que se presente no será ni una sombra de lo que fue.

Si tal reducción se ve compensada por un incremento del conocimiento en esa parcela específica, tendremos el germen de algo totalmente respetable, que no es sino una nueva disciplina, con raíces en el Tai Chi Chuan, pero que, por derecho propio, merecerá un nombre diferente.

Ahora bien, si la razón para especializarnos radica en nuestra incapacidad natural, y si no sólo dejamos esta parcela de conocimiento sin desarrollar, sino que además iniciamos un proceso de enseñanza que continuarán nuestros alumnos, entonces podemos tener la certeza de ser adulteradores del arte y expoliadores del conocimiento que les corresponde a las generaciones futuras.


Antonio Leyva es profesor de Tai Chi Chuan en Madrid.
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http://taichichuanantonioleyva.wordpress.com/

Fotos: Teresa Rodríguez.

NOTA:

1) José Carmona Kremser, El Taiji Quan del Shenji Ying. Revista TAI CHI CHUAN, Nº 3, Pág. 38.