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COMENTARIO
SOBRE EL CONG-FOU
DE LOS BONZOS TAO-SÉE 1 1) Fragmento del Tomo IV de Memoires concernant l'histoire, les sciences, les arts; les moeurs, les usages, &c. des Chinois: Par les Missionaires de Pekin (Paris : Chez Nyon, 1779), págs. 441-451. Se atribuye esta gran recopilación (quince volúmenes) al jesuita Jean Joseph Marie Amiot (1718-1793), pero la autoría del texto sobre el Cong-fou de los taoístas se debe a Pierre-Martial Cibot (1727-1780). -

Pierre-Martial Cibot
Traducción y notas de Jordi Vilà
 

E  n 1779 se publica en Francia una monumental memoria sobre historia, arte, ciencia y costumbres chinas en la que se encuentra la primera mención conocida en Occidente de las prácticas de Qigong taoísta. Este comentario del jesuita Pierre-Martial Cibot tuvo supuestamente una influencia decisiva en Per Henrik Ling, creador de la gimnasia sueca. El texto, a pesar de su comprensible escepticismo y su tono condescendiente, ofrece una descripción de los métodos de salud y alquimia interna de los monjes taoístas de un extraordinario interés histórico.

Educens nubes, ab extremo terræ.2 2) Salmo 135:7, “Levanta las nubes desde el horizonte”, refiriéndose a las obras de Dios en la Naturaleza. La numeración actual de los Salmos es distinta a la empleada en el s. XVIII.-
Ps. 132

En China se denomina Tao-sée3 3) Mantenemos la grafía con la que se transcribieron los términos chinos empleada en el original. Tao-sée se refiere a los daoshi, monjes seguidores de la religión taoísta.- a todos aquellos que forman parte de la secta que reconoce al famoso Lao-tsée4 4) Laozi (Lao-tsé).- o Lao-kun5 5) Laojun, título con el que se honra a Laozi en su forma divinizada.- como líder y maestro; pero dicho nombre se atribuye específicamente a los bonzos de esta secta, tanto los que viven en comunidad o casados, como a los solitarios o errantes. Basta con leer el Tao-te-king6 6) Daodejing, el Libro del Tao y su poder, obra atribuida a Laozi.- de Lao-tsée para darse cuenta de que no es el maestro de sus presuntos discípulos. En chino se denomina Cong-fou7 7) En el moderno sistema de trascripción pinyin, se escribe Gongfu, término romanizado más conocido como Kung-Fu, y que en este caso no se refiere al conjunto de artes marciales chinas, sino al nivel de habilidad alcanzado dentro de un arte, un técnica o una disciplina.- a las posturas singulares en las que se mantienen algunos Tao-sée. Como los bonzos suelen estar más ociosos, disponen de más tiempo para entregarse al Cong-fou, y en general, pasan por conocerlo mejor que los demás.

Las espesas nubes de la superstición y las espantosas tinieblas de la idolatría han llegado a ocultar de tal manera a las multitudes la verdadera teoría del Cong-fou, que éstas están persuadidas, gracias a las historias contadas por los bonzos, de que es un verdadero ejercicio religioso el cual, al sanar las enfermedades del cuerpo, permite al alma liberarse de la servidumbre de los sentidos, preparándola para entrar en contacto con los Espíritus y le abre la puerta a no sé qué tipo de inmortalidad, a la que se llega sin tener que pasar por la tumba. Se podrían llenar numerosos volúmenes con las fábulas, cuentos, sueños, quimeras y extravagancias debidas al Cong-fou. La majestad del trono no ha podido salvar a muchos emperadores de la estupidez de darles crédito. Los letrados han intentado en vano mostrar la ridiculez de las grandes palabras de los bonzos; sus chistes divierten, sus razonamientos son aplaudidos, y se continúa dando credibilidad por su conducta a todas las quimeras debidas a los bonzos. Los espíritus singulares, los ricos que desearían no caer nunca enfermos, y aquellos que, de entre el pueblo, tienen tiempo para ensoñaciones, creen en ellas a intervalos con todo el calor del fanatismo más frenético. Hay que ver con qué asombrosa paciencia atormentan sus cuerpos para poder llegar a enviar su alma junto a los inmortales, y a ascender a los cielos montados en un caballo-dragón.

Los Tao-sée poseedores del secreto del Cong-fou han inventado un lenguaje aparte para enseñarlo, y hablan de él en términos tan apartados de la idea común como nuestros alquimistas al referirse a la Gran Obra. Como el Cong-fou realmente ha operado curaciones y ha mejorado bastantes enfermedades, los letrados, que no son nada crédulos, han barrido el oropel de la jerga figurada de los bonzos, haciendo ver que su charlatanería no hacía sino cubrir de ridículo con sus supersticiones una antigua práctica médica fundamentada en principios sólidos y bastante independiente de la absurda doctrina de los Tao-sée, en la cual se ha injertado. Dicen que es tan independiente como la virtud de los remedios que de buen grado han adoptado y hecho valer.

Esta curiosa afirmación se apoya en razones que nos han inducido a proponer a los físicos y los médicos de Europa que examinen si la parte medicinal del Cong-fou de los Tao-sée es realmente algo de lo que se puede sacar partido para el alivio y la curación de algunas enfermedades. De ser así nos sentiríamos compensados por el esfuerzo que nos ha costado el ponernos a trabajar en una materia tan aburrida para alguien en nuestro estado, y tan extraña a nuestros estudios y ocupaciones. En el caso de habernos equivocado en nuestras conjeturas, no tendríamos de qué avergonzarnos por el menosprecio que no se debería achacar más que a nuestra sensibilidad hacia las miserias que afligen la vida de las personas y a nuestro amor por la patria.

Vamos a limitarnos a una simple exposición de la parte práctica del Cong-fou y de los principios de la medicina china, sobre los que se dice que está fundamentado.

El Cong-fou consiste en dos cosas: la postura del cuerpo y la manera de respirar.

Existen tres posturas principales en el Cong-fou: de pie; sentado, y tumbado. Los bonzos cuidan con el mayor detalle todas las actitudes que pueden variar o matizar estas posiciones. Dado que tienen que ver más con la doctrina que con la parte medicinal, nos limitaremos a indicar las principales:

1º. De pie: erguidos, con los pies tocándose entre sí, y los brazos rectos y colgando; de pie, con un pie levantado; de pie, con el cuerpo inclinado lateralmente, hacia delante, hacia atrás, etc.; de pie, con los brazos en cruz, uno levantado y el otro hacia abajo; de pie, con los brazos extendidos horizontalmente; de pie, con las piernas separadas, etc.



2º. Sentado: con las piernas colgando; sentado con las piernas estiradas y el cuerpo recto; sentado con las piernas cruzadas; sentado sobre los talones; sentado con el cuerpo inclinado hacia un lado, doblado hacia delante, etc.

3º. Tumbado: sobre la espalda; sobre el vientre; de costado; acostado con los pies hacia un lado y la cabeza hacia el otro; tumbado con el cuerpo hecho un ovillo; tumbado sobre las rodillas o sobre las manos, etc. Sin el menor reparo podemos afirmar que, si reuniésemos todas las actitudes de los actores, bailarines, acróbatas8 8) Sauteurs, en el original.- y figuras académicas, no llegaríamos ni a la mitad de las que han imaginado los Tao-sée. Las distintas formas de tensar y relajar, de levantarse y agacharse, de doblar y estirar, de alejar y acercar los brazos y las piernas, forman en sí una prodigiosa variedad de actitudes. La cabeza, los ojos y la lengua también tienen sus movimientos y sus posiciones. La lengua, que es el dragón rojo en el lenguaje de los Tao-sée, es la encargada, según el tipo de Cong-fou, de realizar en la boca balanceos, pulsaciones, fricciones, toques con la punta, etc., así como de provocar la salivación. Los ojos se abren, se cierran, giran, se fijan y parpadean. Y lo que más atónitos nos ha dejado, los Tao-sée pretenden que cuando se mantienen girados uno hacia el otro durante largo tiempo, mirando hacia la base de la nariz, se suspende el torrente de pensamientos, se lleva al alma una profunda serenidad y se la prepara para un far-niente en inercia que es el preámbulo para la comunicación con los espíritus. Podríamos decir otras cosas bastante agradables, si deseásemos copiar lo que dicen los Tao-sée; pero todo esto es ajeno a la parte física y medicinal del Cong-fou que es el tema que nos ocupa.

Existen tres maneras de respirar, la primera por la boca; la segunda por la nariz; y en la tercera, la inspiración y la espiración se efectúan una por la boca y la otra por la nariz. Dentro de estas tres maneras de respirar, tanto la inspiración como la espiración puede ser precipitada, filiforme, plena o apagada, siendo a veces diferentes una y otra. Precipitada significa que se realiza, por así decirlo, de una sola vez y en un instante casi indivisible, tal y como le ocurre a una persona cuando ha permanecido bajo el agua y sale de repente. Filiforme, es decir, que es tan lenta y débil que no se puede oír ni la entrada ni la salida del aire. Plena es cuando el aire entra en el pulmón o sale de él como usando toda la boca o la nariz. Apagada, es decir, tan delicada, lánguida y tenue que llega a ser imperceptible.

Aparte de estas diferencias tan marcadas, que vienen a ser la base del Cong-fou en cuanto a la respiración, también se distinguen la inspiración y la espiración: 1º, sibilante, dejando en la boca una abertura tan pequeña que el aire entra o sale con tal rapidez que se enfría y hace ruido; 2º, a bocanadas, abriendo tanto la boca que el aire entra o sale súbitamente gracias a un movimiento de inspiración y espiración muy fuerte; 3º, a impulsos, es decir, que arrastrando la inspiración o la espiración para hacer que dure, se van realizando movimientos bruscos con los pulmones que le van dando una especie de ímpetu; 4º, por repetición, de manera que hay dos o tres inspiraciones consecutivas por cada espiración y dos o tres espiraciones por cada inspiración; 5º, por atracción y deglución, como extrayendo del estómago el aire que va a llenar los pulmones, o tragando el que sale con la espiración, de manera que éste se pierde en la boca y desciende hasta las entrañas. Existen otras maneras de respirar en el Cong-fou, pero aparte de los matices que las distinguen, al no ser más que refinamientos de los bonzos, sería muy difícil explicarlas de manera que se nos pudiese comprender; ya que, a menos que se haya podido ver practicar a alguien iniciado y diestro, no se entiende nada de lo que dicen los Tao-sée en sus libros. Incluso en lo poco que hemos explicado hay bastantes detalles que no podríamos haber elaborado si un neófito que había practicado el Cong-fou cuando todavía era algo idolatrado no nos hubiese explicado esta singular teoría.

Dando por sentados los detalles que acabamos de explicar, podemos decir que el Cong-fou consiste en una postura determinada que se mantiene durante un tiempo específico, respirando de una de las maneras que hemos descrito. Con cuidado se escogen y combinan, se varían y repiten dependiendo de la enfermedad a tratar. La mañana es el tiempo más adecuado para el Cong-fou. Tras el sueño nocturno, la sangre se encuentra más reposada, los fluidos más tranquilos y los órganos más relajados, sobre todo si se tiene cuidado de cenar con frugalidad. Las personas gruesas y con retención de líquidos9 9) chargés d’humeurs en el original.- siempre saldrán ganando si no comen nada por la noche, y esta condición es absolutamente necesaria para aliviar ciertos tipos de enfermedades.

Como el Cong-fou es una bagatela, o puede que aún ni eso, nos ahorraremos entrar en más detalles. Sin embargo, como es posible que nos hayamos explicado con poca claridad, y dado que siempre una imagen vale más que mil palabras, hemos hecho pintar algunas figuras que nos puedan dar una idea de lo que son las posturas del Cong-fou. Indicaremos con pocas palabras cuáles son las diferentes enfermedades que se dice que pueden curar, para que nuestros físicos y médicos puedan pronunciarse mejor respecto a esta práctica singular. Aunque de estas veinte figuras, diecisiete sean de Cong-fou sedente, deberíamos añadir muchas más para poder mostrar todas las actitudes y posiciones que detallan cada postura, aunque a decir verdad no hemos tenido el valor de hacer copiar una cantidad mayor.

Fig. 1. Para liberar el pecho, templar el calor en la sangre, relajar.

Fig. 2. Para el asma, el dolor en los riñones y en las entrañas; no se debe girar la cabeza.

Fig. 3. Para los sueños y las ilusiones nocturnas, y sus consecuencias.



Fig. 4. Para el malestar y obstrucción de estómago, ictericia.

Fig. 5. Para el dolor en el corazón, delgadez debida al agotamiento, sed acompañada de calor corporal.

Fig. 6. Para la plenitud y la obstrucción en las entrañas, con debilidad.

Fig. 7 y 8. Como mantenimiento de la salud.

Fig. 9. Para el vértigo y el deslumbramiento.

Fig. 10. Para el dolor de cabeza, para la relajación.

Fig. 11. Para el dolor en las rodillas, el malestar en los riñones, la hinchazón causada por la debilidad.

Fig. 12. Para la parálisis de alguna extremidad, respiración corta y apresurada, dolor con tensión en el bajo vientre.

Fig. 13. Para el dolor cardíaco con debilidad, dolor y extenuación.

Fig. 14. Para el sudor frío, boca amarga, dificultad al caminar, etc.

Fig. 15. Para la arena y las piedrecillas en los riñones, se le otorgan grandes efectos y curaciones.

Fig. 16. Para el calor constante en la palma de las manos y la planta de los pies.

Fig. 17. Para el bloqueo y la sofocación en el pecho.

Fig. 18. Como mantenimiento de la salud.

Fig. 19. Para la piedra y el cólico nefrítico.

Fig. 20. Contra el movimiento de los intestinos, y la inquietud en todo el cuerpo.

En cada una de las posturas, lo más importante es respirar de una manera particular un número concreto de veces, y de otorgar toda la duración del Cong-fou a la enfermedad. La memoria que hemos examinado dice algo sobre el tema, pero lo hace de una manera tan obscura y en términos tan extraños, que nos hemos atrevido a intentar traducirlo. El lector podrá sustituirlos por lo que hemos apuntado más arriba, así como por lo que nos queda por exponer sobre el Cong-fou.

No hemos comentado, al hablar de las posturas del Cong-fou, que se practicaba desnudo de cintura para arriba, o vestido, cargando un peso sobre la cabeza o sobre los hombros, según el tipo de enfermedad, y que, refiriéndonos a la respiración, que la boca debía estar medio llena de agua, o de saliva. En cuanto a las pociones, parecería que se han ido añadiendo con el paso del tiempo para facilitar el efecto. Por ejemplo, en el Cong-fou de la figura 15, debe ingerirse una poción de cinabrio10 10) El cinabrio es un sulfito de mercurio (HgS) empleado desde la antigüedad como componente de los elixires alquímicos, tanto en Europa como en la alquimia china. Para más información sobre la relación del cinabrio con las técnicas energéticas chinas, véase Vilà, J., Dantian: el campo del elixir. Tai Chi Chuan nº 7. -  y alumbre11 11) Un compuesto natural de sal doble de aluminio y potasio ( KAl(SO4) 2.12H2O ), también empleado en procedimientos alquímicos desde la antigüedad. -  con agua fría. El Cong-fou de las figuras 9, 13 y 20 también incluyen remedios específicos; pero como tal vez no sean otra cosa que una señal para darle más valor y crédito al Cong-fou, solamente debemos juzgarlo por los principios que lo consideran una antigua práctica medicinal.

Estos principios son, 1º, que el mecanismo del cuerpo humano es completamente hidráulico; es decir, que la libre circulación de la sangre, los fluidos y la vitalidad12 12) les esprits, en el original.-, así como el equilibrio que modifica su movimiento y su acción recíproca, son a la vez la carga y las ruedas del cuerpo humano, por lo que la salud no puede conservarse o recuperarse más que manteniendo o restableciendo esta circulación y este equilibrio. 2º. Que el aire que entra sin cesar en la sangre y los fluidos a través de los pulmones es como el balancín que templa y mantiene su fluidez, la cual sólo puede conservarse o recuperarse por su efecto. A partir de estos dos principios, de los que hablamos solamente como historiadores, se extraen ciertas consecuencias que también vamos a incluir, por lo que puedan tener de valor.

Estas consecuencias son, 1º. que al tener que vencer la circulación de líquidos en el cuerpo humano los dos grandes obstáculos que representan la pesadez y la fricción, cualquier cosa que tienda a disminuir cualquiera de las dos podrá ayudar al restablecimiento de dicha circulación, cuando ésta se ha visto alterada. 2º. Que la actividad y el impulso del aire aumentan la fluidez de los líquidos, y al facilitar por consiguiente su movimiento, todo cuanto tienda a aumentar o disminuir su fuerza y volumen en el cuerpo humano acelerará o retardará su circulación.

Dando por sentados estos principios y sus consecuencias, los defensores del Cong-fou entran en minuciosos detalles para relacionarlos con la correspondencia simpática de diferentes partes del cuerpo humano, de la acción y reacción de los grandes órganos de la circulación, de la secreción de humores, de la digestión de los alimentos, etc., puesto que deben hacer justicia a la parte sistemática de la medicina moderna. Al otro lado del mar, conocemos tan poco este tema, y haría falta un inciso tan largo para darlo a conocer, que pasaremos de puntillas sobre él con aún menos escrúpulos, dado que no tiene sino una relación lejana con la materia que nos ocupa. Además, a menos que se posea un profundo conocimiento de la medicina, se correría, evidentemente, el doble riesgo de desfigurar un sistema estimable y de no llegar a ser comprendido.

Vamos a ver ahora cómo razonan los físicos chinos a partir de los principios y las consecuencias que acabamos de exponer. Existen dos partes esenciales en el Cong-fou: la postura que se hace adoptar al cuerpo y la forma en que se acelera, retarda o modifica la respiración.



1º. Tanto si examinamos la circulación de la sangre, de los líquidos y de la vitalidad desde el punto de vista de los obstáculos que conlleva la pesadez, como si lo consideramos desde el punto de vista de la fricción que la retrasa, es evidente que la manera en que el cuerpo se mantenga derecho o doblado, acostado o de pie, con las extremidades extendidas o plegadas, levantadas, bajadas o contorsionadas, deberá operar un cambio físico en el mecanismo hidráulico que facilite dicha circulación o bien la dificulte. La postura horizontal es la que disminuye en mayor grado el obstáculo de la pesadez, y es además, la más favorable para la circulación; la postura de pie, al contrario, dejando toda la resistencia a la acción de la pesadez, deberá dificultar necesariamente la circulación: por la misma razón, si se estiran los brazos, los pies o la cabeza, o bien si se estiran o se inclinan, o se doblan, se hará más o menos fácil. Eso no es todo: aquello que la retrase en un punto le dará más fuerza allá donde no encuentre ningún obstáculo, y a partir de ahí, ayudará a los líquidos y la sangre para que puedan vencer las hinchazones que impiden su paso. Podemos añadir, también, que cuanto más impedida se haya visto en un punto, con mayor ímpetu regresará una vez el obstáculo hay sido retirado. De ello se concluye que las diversas posturas del Cong-fou, dirigidas correctamente, deberían operar una liberación saludable en todas aquellas dolencias que provengan de una circulación alterada, retrasada e incluso interrumpida. Pero ¿cuántas enfermedades habrá que no tengan su origen en esta causa? Uno podría llegar a preguntarse si a excepción de las fracturas, las heridas, etc., que alteran la organización del cuerpo humano, habrá alguna que no provenga de ella. 

2º. Es cierto que el corazón es el primer motor de la circulación, y la fuerza que posee para producirla y mantenerla es una de las más grandes maravillas del Universo. Es cierto también, que existe una correspondencia sensible y continua entre los latidos del corazón, que se llena y se vacía de sangre, y los movimientos de dilatación y contracción del pulmón que se vacía y llena de aire gracias a la inspiración y espiración. Esta correspondencia es tan evidente, que los latidos del corazón aumentan o disminuyen instantáneamente, en proporción a la aceleración o retraso de la respiración. O, si se inspira más aire del que se espira, o cuando se exhala más del que se inhala, su volumen deberá aumentar o disminuir la masa total de sangre o de líquidos, y deberá refrescar más o menos la sangre que esté en los pulmones; si se acelera o se frena la respiración, se deberán apresurar o disminuir los latidos cardíacos. Cuando todo esto se aplica a la segunda parte del Cong-fou, se comprobará que al consistir en acelerar o retrasar la respiración, o bien en inspirar más aire del que se espira, es evidente que en el primer caso, se acelerará o frenará la circulación, y por una consecuencia necesaria, la de los líquidos; y que, en el segundo, se disminuye o aumenta el volumen de aire contenido: pero, al estar todo este mecanismo apoyado por la postura corporal y por la posición variada y diversa de las extremidades, es evidente que se producirá un efecto sensible y conjunto en la circulación de la sangre y los líquidos; efecto físico, efecto necesario e íntimamente ligado al mecanismo hidráulico del cuerpo humano, efecto mucho más seguro gracias al descanso nocturno que ha he hecho que los órganos sean más dúctiles, a la dieta vespertina que ha reducido la plenitud de las arterias, venas y canales de los líquidos, a la poción preparatoria que ha retirado más obstáculos, etc.

Habíamos pensado decir algo sobre la manera en que se debe dirigir el Cong-fou de acuerdo con esta teoría, según la enfermedad que se pretende curar; pero las materias medicinales no están a nuestro alcance. En el caso de que el Cong-fou merezca alguna atención, los médicos de Europa no necesitan a los de la China para poder sacarle partido y perfeccionarlo. Además, y para terminar por donde habíamos empezado, el objetivo de este comentario no es enseñar el Cong-fou, sino proponer a los físicos y a los médicos que examinen sin prejuicios qué pensar. Si el sistema en el cual se basa fuese falso, les podría llevar a encontrar uno más verdadero. Pero aunque no aportase otra cosa que algunas observaciones útiles para el bienestar de la Humanidad, nos sentiríamos más que recompensados por el valor del que hemos debido hacer acopio para publicarlo. spirito

NOTAS

1) Fragmento del Tomo IV de Memoires concernant l'histoire, les sciences, les arts; les moeurs, les usages, &c. des Chinois: Par les Missionaires de Pekin (Paris : Chez Nyon, 1779), págs. 441-451. Se atribuye esta gran recopilación (quince volúmenes) al jesuita Jean Joseph Marie Amiot (1718-1793), pero la autoría del texto sobre el Cong-fou de los taoístas se debe a Pierre-Martial Cibot (1727-1780).
2) Salmo 135:7, "Levanta las nubes desde el horizonte", refiriéndose a las obras de Dios en la Naturaleza. La numeración actual de los Salmos es distinta a la empleada en el s. XVIII.
3) Mantenemos la grafía con la que se transcribieron los términos chinos empleada en el original. Tao-sée se refiere a los daoshi, monjes seguidores de la religión taoísta.
4) Laozi (Lao-tsé).
5) Laojun, título con el que se honra a Laozi en su forma divinizada.
6) Daodejing, el Libro del Tao y su poder, obra atribuida a Laozi.
7) En el moderno sistema de trascripción pinyin, se escribe Gongfu, término romanizado más conocido como Kung-Fu, y que en este caso no se refiere al conjunto de artes marciales chinas, sino al nivel de habilidad alcanzado dentro de un arte, un técnica o una disciplina.
8) Sauteurs, en el original.
9) Chargés d'humeurs en el original.
10) El cinabrio es un sulfito de mercurio (HgS)  empleado desde la antigüedad como componente de los elixires alquímicos, tanto en Europa como en la alquimia china. Para más información sobre la relación del cinabrio con las técnicas energéticas chinas, véase Vilà, J., Dantian: el campo del elixir. Revista Tai Chi Chuan nº 7.
11) Un compuesto natural de sal doble de aluminio y potasio ( KAl(SO4) 2.12H2O ), también empleado en procedimientos alquímicos desde la antigüedad.
12) Les esprits en el original.