Artículos Todos los artículos (Lista) LATERALIDAD Y PERCEPCIÓN ESPACIAL EN TAICHI
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Desde el punto de vista corporal, por ejemplo, encontramos diferencias de lateralidad respecto a todos los segmentos simétricos, es decir, en la cabeza: cejas, párpados, ojos, orejas, mejillas y orificios nasales; en el tronco: pectorales, hombros, costados y axilas; en las extremidades superiores: brazos, codos, antebrazos, muñecas y manos; y en las extremidades inferiores: caderas, muslos, rodillas, gemelos, tobillos y pies.

Así, en la boca, se utiliza más un lado que el otro para masticar; una ventana de la nariz tiene más olfato que la otra; hay un ojo dominante (¿con qué ojo miras por la mirilla de la puerta?); y un oído oye mejor que el otro (¿en qué oreja te pones el móvil?).

En este trabajo, y dada la importancia que pueden tener en la práctica y el aprendizaje del Taichi, hemos elegido cinco aspectos de estudio: lateralidad manual, podal, de brazo, de pierna y de giro.

La lateralidad manual, es muy fácil de definir: ¿qué mano utilizas para escribir? Sin embargo, se puede hacer otra prueba: entrelaza los dedos de ambas manos ¿qué pulgar queda por encima?

Para descubrir la lateralidad de brazos simplemente lanza una pelota a un compañero o crúzate de brazos. ¿Qué brazo cruzas primero sobre el otro?

La lateralidad podal se muestra con una acción muy sencilla: darle una patada a una pelota. Sin embargo la lateralidad de pierna la puedes descubrir haciendo un salto de longitud o vertical, ¿con qué pierna final das el último impulso antes de saltar? Y trabajando con equilibrios, ¿sobre qué pierna te sientes mejor manteniendo la otra en alto?

Por último, la lateralidad de giro se pone en evidencia con una pirueta, es decir, saltando e intentando hacer un giro de 360º en el aire. ¿Hacia donde te resulta más cómodo, en el sentido de las agujas del reloj o al contrario?

Con estos simples ejercicios empezamos a tomar conciencia de nuestra lateralidad y podemos descubrir aspectos muy interesantes:

1) Puedo haber encontrado que todas las acciones son ejecutadas por el mismo hemi-cuerpo, es decir, todas son realizadas con el lado derecho o con el lado izquierdo. En este caso se considera que eres un diestro o un zurdo fuerte o exclusivo.

2) Puede ocurrir que parte de las acciones son realizadas con un lado del cuerpo y el resto con el otro. En este caso se dice que hay una lateralidad cruzada.

3) También puede resultar que eres capaz de hacer todas las acciones con ambas lados del cuerpo, en lo que sería una confirmación de ambidestrismo.

4) Cuando hacemos estas pruebas con el lado contrario al dominante nos sentimos raros, es decir, hemos encontrado con qué lado del cuerpo nos sentimos más cómodos y hábiles para realizar movimientos.

En el caso de una lateralidad cruzada sería interesante investigar si es una lateralidad contrariada, es decir, si la persona cambió su dominancia lateral debido a factores ambientales como la influencia de los padres, la escuela o la presión social. Esta suele darse sobre todo a nivel manual, ya que la mano es la que recibe la mayor parte de la información sociocultural.

Parece ser que, en los casos de lateralidad cruzada, por ejemplo lateralidad de pie diestro y de mano zurda o viceversa, y sobre todo en la lateralidad contrariada, utilizar la mano derecha siendo zurdo por obligación de los padres, puede ser fuente de diferentes problemas de aprendizaje, ejecución, coordinación técnica e incluso de deficiencias posturales.

Personalmente recuerdo mi experiencia con el remate en voleibol donde mi lateralidad cruzada de pierna y brazo me impedía ejecutar el movimiento correctamente con la consiguiente frustración que suponía. Al saltar para hacer el remate quedaba con el cuerpo girado dificultándose la coordinación temporal de ejecución del golpe. Fue gracias a mi entrenador que detectamos la fuente del problema en mi lateralidad cruzada, y me propuso que modificase mi lateralidad de pierna aunque perdiese potencia de salto para poder al menos ejecutar bien el movimiento.

Cuando hay ambidestrismo conviene determinar si es consecuencia de una lateralidad mal definida, como es el caso de las personas que tardan en reaccionar ante un estímulo porque dudan con qué lado del cuerpo realizarlo; o si por el contrario hay supralateralidad, como ocurre a las personas que tras completar correctamente el desarrollo de su lateralidad pueden ejecutar movimientos en igualdad de habilidad y fuerza con el otro segmento corporal.

Para analizar desde este punto de vista la forma de Tai Chi que practicamos, podemos empezar haciéndonos las siguientes preguntas: ¿Hacia qué lado se realiza la forma prioritariamente? ¿Qué número de movimientos son ejecutados con cada segmento corporal derecho e izquierdo? ¿Qué movimientos principales quedan definidos con el brazo derecho e izquierdo? ¿Qué sentido tienen los giros en la forma? ¿Qué pierna se utiliza más para dar patadas? ¿Qué pierna tiene que soportar más posturas de equilibrio?

Si a continuación relacionamos estos datos con nuestra lateralidad, puede que empecemos entender mejor por qué nos sentimos más cómodos o por qué nos cuesta más coordinarnos en unos movimientos que en otros, por qué guardamos mejor el equilibrio ejecutando unas patadas u otras, etc.


 
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