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Nº 16 - Verano 2008

LATERALIDAD Y PERCEPCIÓN
ESPACIAL EN TAICHI

Pedro Jesús Jiménez

P or qué resulta más fácil ejecutar determinados movimientos con un lado del cuerpo que con el otro? ¿Por qué nos es más cómodo hacer giros en el sentido de las agujas del reloj que en el contrario? ¿Qué hace un zurdo cuando tiene que aprender el manejo de la espada de Taichi con la mano derecha? ¿Es bueno ejercitarse bilateralmente? ¿Por qué nos perdemos al realizar la forma cuando nos cambian la orientación espacial habitual?


 Este trabajo continúa con la línea de reflexión iniciada en el artículo Autoconciencia a través del movimiento, publicado en el número 14 de Tai Chi Chuan, cuyo objetivo era potenciar la búsqueda y el desarrollo de sensaciones internas para la mejora de nuestra práctica. Esta vez abordaremos dos conceptos de base que condicionan la ejecución motriz: la lateralidad y la percepción espacial.

Entendemos por lateralidad la predominancia funcional de un lado de nuestro cuerpo sobre el otro a la hora de ejecutar determinadas acciones, mientras que la percepción espacial se analiza desde el punto de vista de la direccionalidad, es decir, cómo la interiorización de esta lateralidad Entradanos ayuda a organizar el espacio exterior. Dicho de manera más sencilla, examinaremos la conciencia corporal con relación al espacio en el que nos movemos.

Aunque en la vida cotidiana manejamos constantemente ambos conceptos, no solemos reflexionar sobre su importancia hasta que nos encontramos en situaciones conflictivas, como descubriremos más adelante.

El artículo queda así estructurado en dos apartados. El primero, de carácter práctico y aplicado, aborda el problema de la lateralidad en el aprendizaje y la práctica del Taichi. Consideramos que esta parte puede aportar ideas de gran utilidad tanto para practicantes como para profesores. El segundo se centra en la percepción y la orientación espacial y en la utilización de referentes internos frente a los externos, al considerar que es más acertado para el trabajo de Taichi.


Principios de lateralidad

En todas las culturas se ha establecido una significación específica para la derecha y la izquierda, asociándose a la primera lo positivo y lo correcto, y a la segunda lo siniestro y lo negativo. Esto supuso, y sigue suponiendo en muchos casos, la prohibición de uso de la mano izquierda. En España hasta hace poco se obligaba a los zurdos a utilizar la mano derecha; en China los letrados se dejaban crecer las uñas de la mano izquierda para utilizar sólo la derecha; en los países orientales todavía sigue siendo mal visto que una persona utilice la mano izquierda para comer, etc.

Hoy en día sabemos que todas estas ideas son fruto de una construcción social más que una realidad biológica y que ser zurdo no implica ninguna dificultad en el desarrollo intelectual, social y cultural de la persona.

Por otro lado, la divulgación científica ha dado a conocer desde hace tiempo las funciones y tareas que se suelen asociar con cada uno de los dos hemisferios cerebrales en las personas. Así, es habitual relacionar el hemisferio izquierdo con las funciones analíticas, verbales, racionales, intelectuales, objetivas y científicas; y el hemisferio derecho con la intuición, lo subjetivo, lo abstracto, lo holístico, lo visual-espacial... Sin embargo, todavía se sigue investigando por qué el corazón se ubica en el lado izquierdo y el hígado en el derecho, máxime cuando se ha encontrado que hay personas que tienen todos los órganos en posición invertida respecto a lo normal.

El origen de la lateralidad se ha relacionado con factores neurológicos, genéticos y ambientales, pero independientemente de toda esta información, en nuestra práctica físico-deportiva todos nosotros vivimos una predominancia de actuación de un lado corporal sobre el otro que influye en el aprendizaje, ejecución y rendimiento de nuestros movimientos.


Descubre tu lateralidad

De forma general, la gente suele definir la lateralidad en función de la preferencia manual, es decir, de la mano que se utiliza habitualmente para realizar las tareas, clasificando a las personas como diestros o zurdos. Pero esta distinción es demasiado básica. En realidad, en nuestro cuerpo hay tantas facetas asimétricas que incluso en la actualidad sigue siendo muy difícil para la comunidad científica cerrar una lista completa de las mismas.


 
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