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Febrero 2011

lytCÓMO CELEBRÉ
EL FIN DE AÑO LUNAR

Lin Yutang

Aconsecuencia de la revolución de Xinhai en 1911, que provocó la abdicación del último emperador, Puyi, y condujo a la proclamación de la República de China al año siguiente, muchas cosas empezaron a cambiar en la vida de los chinos. Una de ellas fue que se abolió el calendario lunar con semanas de diez días y se implantó el calendario gregoriano occidental.

Lin Yutang (Fujian, 1895 - Taiwan, 1976) fue un prolífico escritor, un gran divulgador de la cultura china en Occidente, traductor de sus clásicos e inventor de un sistema de indexación y romanización del chino, de una máquina de escribir en este idioma y de un cepillo de dientes con dispensador de pasta, entre otras cosas. Probablemente escribió poco después de la abolición del calendario tradicional chino este entrañable artículo costumbrista que posteriormente se recogió en la antología With Love and Irony, publicada en 1940.


El antiguo Año Nuevo del calendario lunar era la festividad más importante del año para los chinos. En comparación, todas las demás fiestas palidecían como si carecieran por completo del espíritu de la celebración. Durante cinco días la nación entera vestía sus mejores galas, cerraba los negocios, holgazaneaba, jugaba, aporreaba gongs, tiraba petardos, hacía visitas y asistía a representaciones teatrales. Era el gran día de la buena suerte, en el que todo el mundo imaginaba con ilusión un nuevo año, mejor y más próspero; en el que todos añadían con placer un año más a su edad y a nadie faltaba un comentario auspicioso para sus vecinos.

Hasta la criada más humilde tenía derecho a no ser reprendida el día de Año Nuevo; y lo que es más extraño, incluso la más industriosa de las mujeres de China se dedicaba a holgar y a comer pipas de melón y se negaba a lavar o a preparar comida alguna, y ni siquiera consentía tocar un cuchillo de cocina. La justificación de tal ociosidad era que cortar carne el día de Año Nuevo equivalía a cortar la buena suerte; y que verter agua en un fregadero era derramar la buena suerte; y que lavar cualquier cosa era desvaír la buena suerte. En todas las puertas se pegaba rollos rojos con las palabras: Suerte, Felicidad, Paz, Prosperidad, Primavera. Porque era la celebración del regreso de la primavera, de la vida, la fertilidad y la prosperidad.

Y por todas partes, en los patios de las casas y en las calles resonaba el estruendo de petardos y cohetes y el olor del azufre flotaba en el aire. Los padres perdían su dignidad, los abuelos eran más afables que nunca, y los niños tocaban silbatos, se ponían máscaras y jugaban con muñecos de barro. Las mujeres del campo, vestidas con sus mejores atavíos, caminaban varios kilómetros hasta una aldea vecina para asistir a una representación teatral y med1los galanes de pueblo se atrevían a ir más lejos de lo habitual en sus requiebros. Era el día de la emancipación para las mujeres, emancipación de la monotonía de la cocina y la colada. Y si los hombres tenían hambre, podían freír nienkao1 1) Nienkao. Pastelillos de arroz que se preparan por Año Nuevo. - o hacerse un bol de tallarines con salsa preparada, o ir a la cocina y robar un trozo de pollo frío.

El Gobierno Nacional de China ha abolido oficialmente el Año Nuevo lunar, pero el Año Nuevo lunar sigue con nosotros, y se niega a ser abolido.

Yo soy ultramoderno. Nadie podrá acusarme de ser conservador. No solo estoy a favor del calendario gregoriano, sino que incluso soy partidario del calendario de trece meses, en el que todos los meses tienen exactamente cuatro semanas o veintiocho días. En otras palabras, soy muy científico en mis puntos de vista y muy lógico en mis razonamientos. Y fue este orgullo científico mío el que resultó malherido con el rotundo fracaso de mi celebración del Año Nuevo oficial, como cualquiera que haya pretendido celebrarlo con auténtico sentimiento habrá descubierto por sí mismo.

Yo no quería el Viejo Año Nuevo. Pero el Viejo Año Nuevo vino. Vino el cuatro de febrero. Mi gran Mente Científica me dijo que no hiciera caso al Viejo Año Nuevo, y yo le prometí que no se lo haría.

—No voy a defraudarte —le dije, con más buena voluntad que convencimiento.

Porque ya había sentido el rumor de la proximidad del Viejo Año Nuevo desde principios de enero, cuando una mañana me sirvieron como desayuno un bol de lapacho, o congee2 2) Congee. Sopa espesa de arroz similar a las gachas. - con semillas de loto y ojo de dragón3 3) "Ojo de dragón", o longan, fruto de un árbol tropical del sur de China, parecido al lichi. , que repentinamente me recordó que era el octavo día del doceavo mes. Una semana después, mi criado vino a pedirme que le adelantara la paga extra, que le correspondía cobrar el día de fin de año. Me pidió la tarde libre y me enseñó el paquete con el corte de paño azul que iba a enviar a su esposa. Los días primero y segundo de febrero tuve que dar aguinaldo al cartero, al lechero, al cochero, a los repartidores de las editoriales, etcétera. Desde el principio supe lo que se avecinaba.

Llegó el tres de febrero. Con todo me dije, "No voy a celebrar el Viejo Año Nuevo". Aquella misma mañana, mi esposa me dijo que me cambiara de ropa interior.

—¿Para qué? —le pregunté.

—Chouma te va a lavar hoy la ropa interior. No va a lavar mañana, ni pasado mañana, ni al otro.

Siendo humano, no pude negarme. Y ese fue el principio de mi caída. Después del desayuno mi familia iba a ir al banco, ya que se había desatado un leve pánico bancario, a pesar de que según la orden ministerial el Viejo Año Nuevo no existía.

—Yutang —me dijo mi esposa—, vamos a alquilar un coche. Podrías venir con nosotros y cortarte el pelo.


 
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