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Nº 4 - Verano 2005

liecali

EL VUELO DE LIEH-TZU

Álex Ferrara

E l último de los taoístas primitivos es Lieh-Yü-kou, más conocido a lo largo de la historia como Lieh-tzu y,  paradójicamente,  el primero que se considera a sí mismo un “Tao-chia jen”, o sea, un hombre de la escuela taoísta.

 


Una vez más, como sucede con muchos de los filósofos de la antigüedad china, la persona de Lieh-tzu se pierde en la niebla de los siglos sin dejar un rastro certero. Es posible que haya vivido alrededor del siglo III a.C. porque aparecen menciones a sus escritos y a sus “vuelos” en otras obras de la época. Por otra parte, es muy probable que el libro que lleva su nombre contenga materiales antiguos de su autoría y algunos agregados posteriores, como se supone que es el capítulo 7, llamado Yang Chu donde se retrata el modo de pensar de otro sabio taoísta, vulgarmente caracterizado como “el hedonista”, cuando en verdad su filosofía apunta a no violentar su propia naturaleza en aras de obtener nada en el mundo. De todas maneras, los restantes siete capítulos del Lieh-tzu versan sobre temas y personajes diferentes, si bien todos responden a la misma línea de pensamiento.

Sin lugar a dudas, este texto es el tercero en importancia dentro de la tradición taoísta antigua, después del Lao-tzu y del Chuang-tzu. Según A.C. Graham1 1) Graham A.C, The Book of Lieh Tzu, A Classic of Tao, Mandala, Harper Collins, EE.UU., 1960-1990 -, uno de los estudiosos más renombrados de Lieh-tzu, la obra podría haberse terminado alrededor del siglo III de nuestra era, lo que significa que formaría parte de un período muy productivo de la escuela taoísta: fue entonces que Wang-Pi (226-249) escribió el comentario clásico más importante al Tao Te Ching, y Kuo-Hsiang (312) hizo lo propio con el Chuang-tzu, consolidando la estructura del taoísmo como uno de los dos pilares más sólidos de la filosofía china, junto con el confucianismo. Avala esta teoría el contenido de varios pasajes en el libro donde se entremezclan con mucha madurez doctrinas pertenecientes a la escuela de los astrólogos (yin-yang chia), así como constantes citas a Lao-tzu, a Chuang-tzu y a otros maestros taoístas que no han dejado obra o cuyos escritos se han perdido.

lie1Para aquellos lectores occidentales que tiemblan ante las múltiples interpretaciones del Tao Te Ching o los sentidos simbólicos de las parábolas de Chuang-tzu, el Lieh-tzu se presenta como un lago que puede atravesarse a nado sin grandes riesgos. Es, con mucho, la más accesible de las tres obras.

Simplificando en grado sumo podemos afirmar que el concepto esencial del Tao Te Ching es el de wu-wei o no-interferencia con el curso natural de las cosas  y los de Chuang-tzu son el de hsin-chai (ayuno de la mente) y la idea de libertad. En Lieh-tzu encontramos una preocupación más desarrollada en torno al tema del tzu-jan, término que con frecuencia se traduce como “espontaneidad”  y que aparece en ambos textos anteriores. Como sostiene Graham “con el creciente énfasis en la espontaneidad, el no-saber (wu-chih) viene a usurparle el lugar al no-interferir (wu-wei)”. Pero el concepto de “no-saber”, con el sentido de no prestarle ninguna importancia al saber racional y acumulativo, al aprendizaje de lo innecesario y superfluo, tampoco es un aporte nuevo de Lieh-tzu. Ya está presente en el Lao-tzu cuando habla de los tres tesoros: no-saber (wu-chih), no-interferir (wu-wei) y no-desear (wu-yü). La acumulación de saber es considerada la peor de las enfermedades:

“Del saber al no saber,
esto es lo elevado.
Del no saber al saber,
esto es la enfermedad”.
2 2) Ferrara, Alex, Tao Te Ching, edición online de la traducción directa del chino al español en http://www.taijiquan.info/alex.htm . Cap. 65. -

Estos tres términos, que encierran uno de los principales legados del taoísmo, como si toda su filosofía pudiera concentrarse en una gota de lluvia, son fuertes y paradójicos. Si los traducimos de forma literal: no-actuar, no-saber y no-desear, nuestra primera impresión es de rechazo. Son frases que golpean nuestra idiosincrasia, y eso es precisamente lo que los brillantes sabios taoístas quisieron desde un principio: decir algo lo bastante intenso como para captar la atención de lie2sus contemporáneos, perdidos entre la rigidez de los confucianos y los legalistas que centraban su enseñanza en la ética, la política y el ritual.

Si leemos los textos del taoísmo “sapiencial” o “filosófico” con detenimiento, encontramos que de ninguna manera wu-wei se refiere a dejar de actuar o de hacer, sino más bien a dejar de hacer de más. Wu-wei es no forzar el desarrollo natural de las cosas, ceder hasta que la fuerza que se nos opone queda neutralizada por su propio impulso. Es la filosofía de la economía natural. La naturaleza jamás fuerza nada: todo en ella sigue un ritmo y aprovecha de tal modo su energía que si un obstáculo se le interpone, con la mayor flexibilidad, simplemente cambia su rumbo, como el agua –imagen recurrente y cara a los taoístas- que rodea la piedra en su curso, aunque sin dejar de horadarla lentamente hasta que la convierte en guijarro y más tarde en grano de arena. El wu-wei es la actividad suprema. Siguiendo esta doctrina, el mundo se ordena por cuenta propia. Es mucho lo que el ser humano tiene que aprender de esa conducta, y los tres grandes sabios del taoísmo primitivo han señalado esta manera de vivir con mucha precisión.


 
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