| TCC nº 9
ENTREVISTA
A TEW BUNNAG: Teresa Rodríguez |
![]() |
|
Empezó
a dar cursos en España a mediados de los 80, una época en
la que el Taichi apenas se conocía en nuestro país. ¿Qué
cambios ha notado en el ambiente desde entonces? |
![]() |
para mí todo aquello
era muy inocente, muy fresco. Desde que les conocí quedé
encantado con ellos y decidí apoyarles. |
|
poco, y la puerta se iba
abriendo gracias a esa primera generación de alumnos. En España
fue más o menos igual, porque cuando aquella comunidad se deshizo
casi todos empezaron a enseñar con una gran sinceridad. Gracias
a ellos, y no a mí, ahora tengo el placer de ir, por ejemplo,
a Castellón y encontrar en los cursos a gente "normal",
gente que no vive en una comuna en las montañas, sino enfermeras,
maestras, médicos o vendedores de seguros y que están
integrando el arte del Taichi en su vida. Eso es una satisfacción
para mí, porque coincide con una visión que tuve muchos
años antes de comenzar a enseñar: que el Taichi es un
tesoro en la época que vivimos, en nuestra era, porque es un
medio, un lenguaje que puede ayudar a la gente y transformar su vida.
|
| Para mí esto significa mucho porque veo que el arte hoy día sigue tocando y llegando a las personas. Cuando empecé a enseñar en Inglaterra, Francia y España, tenía que emplear mucho tiempo en explicar el concepto de Qi, yin, yang, etc., porque no existía este lenguaje y tampoco había puntos de referencia, no había nada. Ahora, como siempre, puede haber quien se ría de estas cosas pero, en general, la gente las conoce. Y esto es un gran cambio que se realiza a muchos niveles. Por ejemplo, hay quienes se vuelven vegetarianos o se preocupan por comer alimentos biológicos, se relacionan más con el entorno, eligen un modo de vida más sano... todo esto son consecuencias de la práctica. Creo que el Taichi ha contribuido a crear otra sensibilidad y este hecho es revolucionario. No es la única influencia, por supuesto, pero forma parte de una revolución "tranquila" de personas a las que ha llegado esa especie de chispa y toman consciencia de cómo viven, comen y beben. Esto es lo que importa y me siento muy feliz de haber formado parte de ello, de haber contribuido a que ocurra. |
| ¿Cuáles
fueron los motivos que le llevaron a la enseñanza? En realidad yo no tenía la intención de dar clases, fue cosa de mi maestro de meditación. Él iba a montar un centro experimental en Inglaterra con la idea de combinar los caminos y prácticas tradicionales con la terapia y los acercamientos occidentales. Me invitó a enseñar allí y me dijo que estaba preparado. En aquella época yo había formado parte del movimiento contra la guerra de Vietnam y me sentía un poco cansado de tener una misión. No tenía la ambición de enseñar ni de cambiar el mundo, me sentía bien practicando y viviendo mi vida. Pero cuando me sentaba a meditar veía que esta propuesta coincidía con lo que yo quería hacer para aportar mi grano de arena; y además suponía experimentar, realizarlo de una forma distinta a la tradicional, así que me dije, ¿por qué no? Y lo hice. Los primeros años teníamos sobre todo personas que estaban siguiendo terapia o que habían sufrido los excesos de los años sesenta y eran adictos. Teníamos que tratar problemas concretos y para mí fue un gran desafío averiguar cómo utilizar e integrar mis conocimientos. Así fui aprendiendo a enseñar y así es como lo sigo haciendo. Lo primero que ha llegado del Taichi a occidente es su aspecto
de salud y meditación. Muchos profesionales y medios de comunicación
hasta ahora han recogido sólo esta faceta y olvidado el lado marcial.
Entonces, el arte queda incompleto. Hoy día muchas escuelas tratan
de recuperar este aspecto y el problema es que algunas han inclinando
tanto la balanza hacia lo marcial que se han olvidado del lado meditativo
y espiritual, y la enseñanza vuelve a quedarse incompleta. ¿Podría
hablarnos de su visión personal al respecto? |
eso estoy seguro, porque el lenguaje básico del arte lo es. Tenemos que tener claro qué significa marcial y, sobre todo, entenderlo en la época que vivimos. ¿Qué significa un entrenamiento marcial en el contexto de bombas nucleares, armas, terrorismo y violencia de todo tipo? ¿Tiene cabida en nuestra sociedad, o es algo exótico que sólo vale para esos espectáculos de combate libre donde dos personas simplemente se pegan? ¿Es juego o autodefensa? Hay que considerar esto cuando llegamos a un arte marcial llamado interno, cada practicante tendría que contemplar las razones que llevan a alguien a querer pelear en este contexto. Para mí luchar siempre ha sido un medio para explorar la posibilidad de salir de la violencia, que es algo muy difícil. Empecé mi carrera como profesor de Taichi trabajando con gente que la había sufrido y que estaba atrapada en patrones de autoabuso, así que este tema me ha tocado de cerca. Creo que en nuestra época
las artes marciales son un lenguaje, porque ya no estamos en un tiempo
en el que sirvan para ir a la guerra y matar o que te maten. Hoy día
si quieres matar a alguien no aprendes Taichi, te buscas una pistola o
algo |
![]() |
así. En este contexto social creo que el arte marcial continúa siendo importante como un área donde explorar nuestra propia violencia y buscar la forma de ir más allá, hacia la paz. Eso es lo que aparece casi siempre cuando entro en este terreno con mis alumnos: la posibilidad de investigar este tema en profundidad, mucho más allá de las creencias, y esto es algo muy difícil. Porque alguien puede creer firmemente en la paz y pensar que tiene superada su propia violencia interior, pero después, en el trato con la familia o con los seres cercanos surgen la rabia, la impaciencia, las palabra crueles... Esto nos ocurre a todos. Hay una gran distancia entre lo que creemos y lo que vivimos, y me parece que las artes marciales nos ofrecen un espacio donde ponernos a jugar y revelarle al otro, y también a nosotros mismos, los patrones que tenemos. Y después, cuando fuera del entrenamiento surja algo negativo y llegue el momento de aplicar todo esto, en vez de reaccionar con violencia, al menos seremos capaces de detenernos un instante y responder de otra manera. A mí me interesa este nivel de las artes marciales que no tiene nada que ver con ganar o perder en la lucha, ni con la competición, porque aunque esas cosas pueden dar muchas satisfacciones, en realidad lo que me importa es el lenguaje de exploración y descubrimiento que no hace daño y con el que podemos reír, jugar y aprender. El lado marcial nos ofrece una oportunidad que se presenta muy raras veces, sobre todo de adultos, porque hemos perdido la posibilidad de jugar a pelearnos con golpes, patadas, puñetazos, etc. El aspecto espiritual es muy natural, y además complementa el lado marcial, porque en un momento dado, cuando aceptamos el compromiso de ir más allá de la violencia hacia la plenitud y la paz, estamos tratando con cosas espirituales que trascienden nuestro pequeño yo, nuestras reacciones y patrones violentos. El Taichi es un arte marcial interno que ofrece técnicas para desarrollar la capacidad de utilizar la energía del compañero sin usar |
![]() |
la
propia, de guardar el centro y evitar que nos ahoguen las emociones, de
"leer" y comprender lo que va a ocurrir
antes de que pase, de
escuchar la respiración del otro y entender su vibración,
de prevenir los momentos de conflicto o bien de estar preparado y adaptarse
a ellos... Todo esto depende, en el instante del intercambio, de una cualidad
que es la conciencia, la mente. A través del trabajo de la meditación
se desarrolla esa misma sensibilidad que se transmite a la forma de Taichi
y que hace que cambie totalmente, cuando uno consigue mantenerse inmóvil
en el movimiento y moverse sin perder el sentido de ser. En la lucha es
importante evitar caer en proyecciones mentales como encogernos ante alguien
sólo porque sea más grande que nosotros. ¿De qué
valen entonces todas las técnicas que se han aprendido? |
que sorprende y ofrece los
medios para disfrutar y vivir mejor, con más amor. La diferencia
entre el Taichi y otros caminos es que es un arte marcial. Es en este
contexto donde podemos intentar encontrar nuestro propio bienestar. Creo
que éste es el sentido que el arte tiene en nuestra época |
| De cara
a los que se inician en la práctica, ¿cuáles son los
regalos que puede ofrecerles el Taichi? Los que practicamos Taichi tenemos una conexión sencilla con nuestro cuerpo, pero muchos de los que llegan para aprender el arte la han perdido. Yo tengo alumnos que vienen a clase para reconectar con su brazo o su mano, y estoy contento por eso, porque no hay que olvidar que muchas personas sufren la alienación de su propio cuerpo, no saben dónde están, ni son conscientes de su vida. He trabajado con universitarios y cuando decía, por ejemplo, "puño izquierdo", había quien no sabían muy bien cuál de los dos era. A veces el exceso de formación intelectual nos impide vivir el cuerpo inocente y sencillamente. Un lenguaje como el Taichi, que desde fuera parece exótico, puede reconectarnos con nuestro sistema de otra manera, y así es posible deshacer los patrones que tenemos y descubrir otra vez el placer de tener manos y brazos que funcionan. Cuando fallan nos quejamos y nos deprimimos mucho, y sin embargo cuando están sanos no lo celebramos. El Taichi es para mí la celebración del milagro de que todo funcione bien. A través suyo la persona se despierta cada vez más, y esta capacidad es algo que no suele transmitirse en las clases. Al principio el lenguaje es muy importante. Cuando despertamos algo haciendo Taichi vivimos el cuerpo de forma distinta y enseguida tenemos también la sensación de estar de otra manera en la vida. El primer paso en el Taichi de cualquier estilo es bajar, enraizar, y después ralentizar, y esto nos provoca de inmediato un cambio a la hora de enfrentarnos a nuestra vida, sobre todo en esta época en la que siempre estamos corriendo de aquí para allá. Por eso es que hace casi cuarenta años pensé que estábamos ante un lenguaje realmente político en el sentido de que transforma el modo de vivir de la gente |
![]() |
![]() |
| Actualmente hay
muchas personas que sufren de hiperactividad o ansiedad, y la sola idea
de hacer Taichi les pone muy nerviosos porque no pueden ralentizarse y
aprender a respirar correctamente. ¿Cómo podemos transmitirles
mejor el arte? |
![]() |
escucharlo. Entonces funciona,
porque la relación es muy viva y entiendes realmente lo que le
ocurre. Lo que intento decir es que no hay una manera única de enseñar ni de transmitir |
lo que vemos. Y como profesor
tienes que estar siempre buscando, entendiendo y escuchando tu propio
proceso, desarrollar tu propia sensibilidad y a la vez respetar a tus
alumnos. Esto es un punto clave para mí y es algo que estoy compartiendo
continuamente al relacionarme con los amigos. Cuando nos encontramos en
el terreno de la enseñanza lo más importante es que estamos
creciendo, no debemos dejarnos atrapar por la sensación de poder.
Hay que estar detrás de los alumnos apoyándolos, escuchando.
Esto es muy distinto de la forma tradicional de enseñanza, y es
algo que requiere un trabajo constante. Hace un momento ha
mencionado su "otra vida". Nos gustaría mucho que nos
hablase sobre su labor en Tailandia con enfermos de SIDA. |
![]() |
lado también
quería investigar cómo podía aplicar allí todas
las cosas que había enseñado durante décadas fuera
de mi país. Hace seis años decidí empezar a trabajar
en un centro que acoge a niños de la calle, huérfanos o maltratados,
y decidí hacerlo en una sección donde se atendía a
niños y adultos con SIDA. Quería realizar alguna tarea simple,
como cambiar pañales y cosas así. Poco a poco comencé
a trabajar con enfermos terminales, niños que morían, y al echar mano de toda mi experiencia anterior sobre este tema, descubrí que no era tanta como para afrontar lo que tenía delante. Cada vez me fui involucrando más en este trabajo y empecé a ver cómo podía aplicar, a veces indirectamente, las cosas que había aprendido del Taichi. Por ejemplo, la sensibilidad de ofrecer un espacio a alguien para que comparta en sus últimos días algo muy problemático o difícil. Creo que esta habilidad me la ha proporcionado el entrenamiento con el Taichi y por eso he logrado percibir en las personas el espacio justo para ofrecerles la oportunidad de expresar sus dudas antes de continuar con su viaje. A veces he podido ayudar compartiendo unos ejercicios muy sencillos de Taichi, pero no me he planteado aplicarlo literalmente, ni crear un grupo en este centro. Tengo una clase en Bangkok |
para esto, pero es otra cosa. Mi sueño, mi visión, era conectar lo que hacía de forma personal con la vida real. Creo que a veces la trampa del que enseña, y en mi caso llevo haciéndolo más de treinta años, es que muchas veces sólo pensamos en la enseñanza, y no ponemos en práctica eso que transmitimos donde es necesario, en la vida real. A mí me intrigaba mucho saber si esto funcionaba o no cuando se trataba de compartir, de hacer espacio, de recibir o de dar energía. Y tampoco sabía si iba a funcionar en situaciones "extremas", porque trabajar con enfermos de SIDA siempre es un desafío. No era fácil cuando empecé, y sigue sin serlo hoy, cuando miro a |
| alguien que está consumiéndose de esa forma. A veces cuesta mucho. Pero en este momento siento que esto me ayuda a trabajarme, y tengo que buscar en la fuente de mi ser y en todo lo que he aprendido, en las prácticas espirituales y marciales, el coraje y el cariño necesarios para tratar a alguien con sinceridad y valentía en esos momentos, sin intentar escapar. Para mí está siendo una gran enseñanza personal y a veces pienso que todos los maestros de meditación, de Taichi y artes marciales, los terapeutas, etc., deberían tomarse un poco de tiempo para hacer algo así. Eso no quiere decir que tengan que hacerlo para ser mejores, sino porque resulta muy enriquecedor para los que estamos en este papel hacer algo sencillo, desafiante y real en la vida, comprobar si eso que sabemos funciona o no, y aprender a percibir el momento | ![]() |
en que alguien te pide amor y cariño de verdad. Como ya he dicho, estos seis años han sido muy formativos y muy importantes para mí porque he podido poner en contexto toda la enseñanza que he compartido y toda mi experiencia, y me siento muy agradecido por haber tenido esta oportunidad. Este artículo ha sido posible gracias a la generosa colaboración de Enric Mas. Fotografías: Denys Blacker, Teresa Rodríguez. Teresa Rodríguez ha estudiado Qigong, meditación taoísta
y Taijiquan de los estilos Chen, Yang y Zhen Zong. Es profesora de Qigong
y Taijiquan y terapeuta de Shiatsu. |